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viernes, 26 de junio de 2026

CUENTO: DON DIMAS DE LA TIJERETA ( TRADICIONES PERUANAS: RICARDO PALMA)

DON DIMAS DE LA TIJERETA (TRADICIONES PERUANAS)

(Cuento de viejas que trata de cómo un escribano le ganó un pleito al diablo)

I

Por los primeros años del siglo pasado, cerca del portal de los Escribanos, vivía un cartulario llamado don Dimas de la Tijereta, escribano de la Real Audiencia y sin una pizca de fe. Se sabía que era hipócrita, timador y que guardaba un tesoro fruto de sus triquiñuelas. Su alma estaba tan desecha que ni Dios la hubiera reconocido, con ser él quien la creó y ni el diablo ni el ángel de la guarda podrían encontrar en él por donde cogerle el alma. Además, que todos los gremios tienen como patrón a un santo que ejerció su oficio; pero los pobrecitos escribanos no tenían en el cielo algún camarada que los defienda.

II

Tijereta había caído en la peor tontería de la vejez: se enamoró hasta la coronilla de Visitación, una muchachita de veinte primaveras, una figurita de mírame y no me toques y ojos más matadores que las espadas de los duelistas. Tijereta, que no daba ni las buenas noches, se propuso conquistar en la chica con agasajos; empezó a regalarle joyas y vestidos, pero la niña nada de nada con él.

Visitación vivía con su tía, vieja como el pecado de la gula, a quien años más tarde castigó la Santa Inquisición. La maldita había adoctrinado a su sobrina para servir de cebo de ricos caballeros a quienes sacar dinero. Don Dimas llegaba todas las noches a verla y Visitación lo escuchaba cortándose las uñas y sin hacerle mayor caso.

III

Seis meses habían pasado de solicitudes vanas y, cansado de la espera, Tijereta quiso tener a Visitación a las buenas o a las malas; pero ella lo botó de su casa diciéndole que estaba cansada de aguantarlo. Don Dimas se fue, perdido en sus cavilaciones y llego hasta el cerrito de las Ramas. Enojado dijo en voz alta:

—¡Que venga un diablo cualquiera y se lleve mi almilla a cambio del amor de esa muchacha!

Satanás, que desde los antros más profundos del infierno escuchó el pedido, tocó campanilla y en el acto se le presentó el diablo Lilit, su secretario.

—Ve, Lilit —ordenó— al cerro de las Ramas y extiende un contrato con un hombre que tiene tanto desprecio por su alma que la llama almilla. Concédele lo que pida, que ya sabes que no soy tacaño tratándose de una presa.

Yo, pobre narrador de cuentos. No conozco los pormenores de la entrevista entre don Dimas y Lilit; pero, al regresar al infierno, este le entregó un pergamino a Satanás que decía lo siguiente:

“Conste que yo, don Dimas de la Tijereta, cedo mi almilla al rey de los infiernos, a cambio del amor y posesión de una mujer. Al plazo de tres años me obligo a satisfacer mi deuda”. Luego seguían las firmas de las partes.

Cuando el escribano volvió a su casa, le abrió la puerta nada menos que Visitación, que ebria de amor se arrojó en sus brazos. Lilit había encendido en ella el fuego de Lais y la lubricidad de Mesalina.

IV

Como no hay plazo que no se cumpla, pasaron los tres años y Tijereta se vio nuevamente en el cerro de las Ramas, junto a Lilit, listo para cobrarle su parte según rezaba el contrato. El escribano entonces comenzó a desvestirse, pero Lilit le dijo

—No se tome tanto trabajo, que así vestido como está me lo puedo llevar.

—Pues si no me desvisto no podré pagarle —le respondió don Dimas.

—Haga lo que le plazca —dijo Lilit— que todavía le queda un minuto para que se cumplan los tres años.

El escribano se quitó el jubón interior, se lo entregó al demonio y le dijo:

—Deuda pagada y venga mi documento.

—¿Y qué quiere que haga con esa prenda? —preguntó Lilit luego de haberse reído mucho.

—Esta es mi almilla, que, como reza el contrato es lo que estoy obligado a pagar. Sino revise bien el documento.

—Yo no entiendo payasadas. Guarde sus palabras para cuando esté delante de mí amo.

Y en eso se cumplió el minuto y Lilit se echó al hombro al escribano y encaminó al infierno. Durante el viaje los reclamos de don Dimas eran tan constantes que el demonio tenía que hacer de oídos sordos para no perder la paciencia y sumergir al escribano en un caldero de plomo hirviente. Ya en el cocito, Satanás, enterado de las causas del reclamo, decidió concederle un juicio al escribano.

En breve don Dimas ganó el juicio armado solamente con el Diccionario de la lengua y los jueces ordenaron que sin pérdida de tiempo se regrese a don Dimas a la puerta de su casa. Satanás, como prueba de que se cumplen las leyes en el infierno, permitió que la sentencia se cumpla. Pero, destruido el hechizo, se enteró el escribano que Visitación lo había abandonado para encerrarse a un convento.

Satanás, para no perderlo todo, se quedó con la almilla y es fama que desde entonces los escribanos no usan almilla y cualquier viento pequeño produce en ellos una pulmonía de padre y señor mío.

V

No sé bien si don Dimas murió de buena o mala muerte, pero es bien sabido que en el infierno le dijeron que ya no reciben escribanos. Algo así le sucedió al alma de Judas Iscariote, y como viene a cuento su historia la apunto aquí someramente.

Refieren las crónicas que después de suicidarse, tocó en vano las puertas del Purgatorio y otro tanto las puertas del Infierno, así que volvió a la tierra y se introdujo en el cuerpo de un usurero. Desde entonces se dice que los usureros tienen alma de Judas.

Y con esto y con que cada cuatro años uno es bisiesto, pongo punto redondo al cuento.


LOS DUENDES DE LA CASONA COLONIAL DE CHIQUITOY.

EL DUENDE DE LA CASONA COLONIAL DE CHIQUITOY

(CUENTO DE CHIQUITOY - DISTRITO DE SANTIAGO DE CAO)

La Plazuela 24 de junio, ubicada frente a la Casa Hacienda o Colonial de Chiquitoy, resalta por sus majestuosos árboles de caucho, palmeras y poncianas. Allá por la década del 80 cuando el poblado carecía de luz, cierta noche bajo el opaco resplandor de la luna y en medio de un silencio absoluto, el vigilante José realizaba sus rondas habituales por el frontis de la Casona Colonial. De pronto, unos extraños murmullos y movimientos rápidos alrededor de un robusto árbol de caucho llamaron su atención.

Frente a la glorieta y en ella, José se percató que dos pequeños seres jugaban. Al principio pensó que eran perros, pero al mirar con detenimiento, descubrió que eran criaturas de baja estatura, similares a niños de tres años, con abundantes cabellos dorados, ojos grandes y claros, orejas puntiagudas como las de un cerdo, piel blanca con vientres abultados y la espalda cubierta por un vello tupido. Iban completamente desnudos.

El vigilante, contemplaba estupefacto a dos duendes que subían a los árboles con destreza circense y jugueteaban con las hojas. El pavor lo paralizó, temía ser atacado y no sabía cómo actuar. Buscando protección divina, se dirigió por un momento a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Aunque la puerta principal estaba cerrada, ingresó por el acceso del campanario.

Al bajar, José se dirigió al lado izquierdo de la Casona que era la estancia de los antiguos hacendados, y donde fallecieran ilustres personajes como doña Josefa del Risco y don Antonio Larco Bruno. En la oscuridad, el vigilante se sintió desamparado. Su mente empezó a repasar las leyendas de los duendes peruanos: el Muki de los socavones mineros; el Ichik Ollco, que rapta niños; el Chusalongo, que seduce a jóvenes; el Ushushurco, hábil con los animales; el Shapishico, con los pies al revés; y el Patachuga del norte costeño, un ser hiperactivo que juega con niños sin bautizar y que habita cerca de plantas con látex y savias.

José recordó entonces la historia de doña Elsa, una vecina de la calle Arequipa. Ella dormía alumbrada por las velas tras una ardua jornada doméstica dejando a su pequeña hija; aún sin bautizar, durmiendo en una hamaca. A media noche, su instinto materno la despertó y vio la silueta de un duende juguetón. Al sentirse descubierto por la mirada de la madre, el ser huyó. Elsa corrió a la hamaca y descubrió con horror que su bebé había desaparecido; tras una desesperada búsqueda, la encontró escondida entre unos enseres de junco, sana y salva.

De sus antepasados, Elsa había aprendido una regla fundamental de supervivencia: Si una persona mira al duende y este no lo ve, no pasa nada. Si la persona lo mira primero, el duende escapa. Pero si el duende mira primero a la persona, esta muere. Elsa lo había visto primero, eso había salvado su vida y la de su hija.

Su casa quedaba muy cerca de la ex huerta de la Hacienda y todos los trabajadores de ese lugar dijeron que eran duendes de ese lugar porque también los habían visto de día, atraídos por los árboles de leche como las higueras.

Decidido a salvarse, José fijó la mirada en las criaturas antes de que ellos lo vieran. Con la llegada del alba y el distante canto de los gallos, los pequeños seres emprendieron la retirada hacia la Casona Colonial. Pasaron a pocos metros del vigilante, ignorándolo por completo.

José, los vio correr por un largo pasadizo que conducía a los antiguos dormitorios de los ingenieros de la empresa y; asombrosamente los duendes traspasaron la gruesa pared como si la materia no existiera.

Del otro lado y poco después, el guardián del ex Club Cooperativo los vio salir del antiguo bar El Barril. Corrían hacia una higuera situada frente a la puerta del local, treparon alegremente y, mientras sus cabellos dorados brillaban con los primeros rayos del sol, se desvanecieron por completo.

Al iniciar el nuevo día, los encargados de la Casona Colonial encontraron libros, utensilios, zapatos y almohadas tiradas por el suelo.

 Los duendes patachuga, habían jugado por el lugar antes de refugiarse, satisfechos, en la lactífera planta de higo.


LA MUERTE DEL SASTRE.

 

LA MUERTE DEL SASTRE.

(CUENTO DE NEPÉN-DISTRITO DE SANTIAGO DE CAO)

“Por la década del cuarenta falleció en Nepén, Santiago de Cao, un sastre que se distinguía de los demás pobladores, por la solvencia económica que disfrutaba y por el carisma o la simpatía del que gozaba. Como sastre era excelente.

Aparentemente poseía buena salud. Pero, cierto día, dejó de existir, como consecuencia de un paro cardiaco.

Su deceso causó un gran dolor entre los familiares que decidieron enterrarlo con una mortaja fina y con la sortija de oro que él mucho apreciaba por la gema incrustada en la joya, que lo había hecho el joyero de la localidad, a quien le unía una estrecha amistad.

Durante el velorio, al que asistió el joyero, la sortija despertó en él, una tremenda avaricia; tanto, que cuando lo enterraron, regresó al cementerio y comenzó a profanar su tumba. Destapó el nicho con una barreta, sacó el cajón y lo abrió. Ni bien lo hizo, mutiló el dedo en donde estaba la sortija.

Segundos después, el sastre recobró la vida y se sorprendió verse metido en un féretro y ver a su amigo, el joyero, con su dedo en la mano.

 ¿Por qué estoy aquí hermano?, le preguntó.

Un silencio de derrota amarga como el rostro de un desilusionado hubo unos instantes. Luego le volvió a inquirir:

¿Por qué me has cortado mi dedo?

En ese instante muy inteligente le respondió: porque ha sido el causante de la situación en que te encuentras.

Con la aclaración pertinente, ambos amigos abandonaron el cementerio y regresaron a la población. En casa, los familiares que se hallaban en velación final, se sorprendieron al ver entrar al difunto.

Algunos se desmayaron de la impresión, los que se mantuvieron en pie le pidieron una aclaración sobre el particular, al joyero.

Este les contó con lujos de detalles lo ocurrido. Algo quedaba flotando.

 ¿Qué tenía que ver la sortija con la muerte del joyero?

Con esa incógnita oscura, decidieron ir, al día siguiente, al médico especialista.

El galeno, un reconocido cardiólogo de Trujillo les dijo que el fallecimiento eventual del sastre se debió a la sortija, que, por quedarle ajustado, no le permitía circular la sangre.

Aclarada la confusión y el motivo del deceso del sastre, a su retorno a Nepén, fue a la casa del joyero y le obsequió el anillo, con estas frases: toma hermano. Es tuyo. Yo ya no lo necesito. Fue una decisión razonable del sastre. Además, ya no tenía dedo para ponerlo, así hubiera querido adquirir otro para exhibirlo en los dedos. Así con el dedo mutilado, el sastre vivió muchos años más”.


jueves, 14 de mayo de 2026

LA GRINGA DE MOCOLLOPE: EL TERROR DE LA PLAYA.

RELATOS HUANCHAQUEROS III

EL AHOGADITO: “EL TERROR DE LA PLAYA.”

Corría el tiempo en que existía el comercio entre Huanchaco y su vecino, Santiago de Cao.
Los Comerciantes iban y venían montados en sus burritos y trayendo sus mercaderías por la orilla de la playa.
A dos de ellos, uno comerciante de sombreros y el otro de vestidos; les tocó vivir en carne propia un fenómeno que raya entre la realidad y la fantasía: ¨El Ahogadito¨.
Cuentan que los dos venían muy de madrugada con sus cargas, montados en sus burritos y charlando muy animosamente; cuando de pronto los animales pararon las orejas en señal de peligro y trotando de manera insegura, con lo cual mostraban su temor.
Un silbido muy agudo y fuerte, erizó los pelos de la nuca de ambos comerciantes. Eso solo significaba que se habían topado con el tan temido ¨Ahogadito¨, el cual es el alma en pena de una persona ahogada en el mar que busca descansar y para lo cual debe llevar consigo la de otro cristiano. Cuando el silbo agudo; señal inequívoca de su presencia se escucha cerca, es porque se encuentra lejos y viceversa.
Como decía, los dos comerciantes aterrorizados hicieron correr como nunca a sus asnos con la esperanza de hallar seguridad y abrigo en alguna casa de Huanchaco. Ahora el silbo se escuchaba lejos y se observaba un bulto negro que avanzaba paralelo a ellos.
De pronto, el comerciante de sombreros fue quedándose rezagado y entraba en un sopor profundo. El otro vio desesperado como caía su amigo del jumento y el bulto se le acercaba.
Aterrorizado el comerciante de vestidos, hizo correr aún más a su burrito, llegando al alba a Huanchaco, más muerto que vivo. Los pobladores le llevaron a una casa donde lo bañaron y cambiaron de ropas, pues estas
despedían un olor nauseabundo. Luego lo trataron de reanimar, lo que consiguieron horas después.
Entonces, el comerciante narró con lujo de detalles lo que había acontecido.
Estos movieron la cabeza y se encaminaron para averiguar qué era lo que le había ocurrido al segundo comerciante, aunque ya adivinaban la triste suerte que este había encontrado.
Encontraron su cadáver todo rasguñado y con abundante espuma de color verdusco en la boca. El asno se hallaba más adelante, aún atemorizado y por todo el camino se hallaban esparcidos los sombreros que el extinto traía a negociar.
Cuentan que el otro comerciante no pudo resistir la impresión de lo vivido, envejeciendo rápidamente y viviendo loco por el resto de sus días.

LA GRINGA DE MOCOLLOPE: ALMA VIAJERA DE LA NOCHE.

 

Cierta noche, un trabajador debía conducir desde el distrito azucarero de Casa Grande hasta Mocollope, pueblo ancestral Mochica con restos arqueológicos, aún poblado. El trayecto era de veinte minutos.
Mientras recorría la ruta, divisó a una joven solitaria que le hacía señas para que la recogiera.
La muchacha era singular, porque tenía el cabello rubio, ojos claros y piel muy blanca; vestía de forma sencilla, elegante y llevaba una casaca doblada sobre el brazo. Ninguna otra chica de la zona se le parecía.
Pensó inmediatamente, que podría ser algún familiar o visita de los alemanes dueños de la fábrica Casa Grande.
El conductor detuvo el camión y la invitó a subir. Durante el trayecto conversaron amenamente: él le preguntó su nombre, su edad y a qué se dedicaba. El diálogo era fluido y ameno mientras la luna llena, iluminaba todo el entorno con inmensos cañaverales.
El trabajador, quedó cautivado por la belleza de la joven y su forma de ser, ello lo impulso internamente a pretenderla con piropos y palabras elegantes. Tenía la esperanza de conocerla mejor y ser alguien más en su vida.
Sin embargo, en medio de la charla, la joven rubia le pidió que la dejara exactamente en el lugar donde se ubicaban. El conductor se sorprendió, pues era un paraje desolado, carente de viviendas.
—¿Estás segura de que quiere bajar aquí?
— ¿Deseas que te acompañe por seguridad? —preguntó él con extrañeza.
Ella insistió en que no se preocupara. 
Entonces, el trabajador frenó contrariado; luego, la joven agradeció, se despidió y descendió en el lugar indicado. No obstante, apenas reanudó la marcha, notó que ella había olvidado su casaca en el asiento. Se detuvo nuevamente y bajó del vehículo para entregársela; pero para su sorpresa, la joven rubia ya no estaba por ningún lado. No entendió nada.
Caminó unos pasos en la dirección que ella supuestamente había tomado, llamándola por su nombre, hasta que tropezó con una tumba. Al observar la lápida, descubrió con horror que allí figuraba el nombre de la joven.
En ese instante, el hombre arrojó la prenda a la lápida, corrió hacia el camión y huyó de regreso a Casa Grande. Allí, con incredulidad y sobresalto, relató lo vivido a sus amigos que sentenciaron: «Has visto a la gringa de Mocollope».
Unos dicen que es la hija de un alemán con una bella dama de Mocollope, que murió en un accidente ferroviario por algún lugar de la ruta en que aparece, durante la época de los Gildemeister, dueños de la fábrica de Casa Grande.
Se dice también que, si alguien la recoge, ella siempre olvida un objeto adrede; si el conductor lo conserva, está condenado a morir.
Finalmente, otros afirman que suele seducir a quien la ayuda, para luego transformarse en un cadáver putrefacto o en un esqueleto. El horror, hace que el conductor pierda el control y se estrellen en la alameda de ficus que abundan en la zona, lo que explicaría los numerosos accidentes repentinos, ocurridos en ese paraje de tránsito y muerte.

lunes, 16 de marzo de 2026

CULTURA MOCHICA: LOS GUERREROS MOCHICAS Y LA FUERZA MILITAR MÁS TEMIDA DEL ANTIGUO PERÚ.

La cultura Mochica, también conocida como Moche, floreció en la costa norte del Perú entre los años 100 y 800 d.C. Fue una de las civilizaciones más poderosas del antiguo Perú preincaico, destacando por su avanzada ingeniería, cerámica realista y, sobre todo, por su formidable poder militar.

Los guerreros Mochicas eran temidos por su disciplina y brutalidad en combate. Utilizaban armas como macanas, lanzas y escudos, y sus guerras no solo buscaban territorio, sino también capturar prisioneros para rituales religiosos. Estas escenas quedaron inmortalizadas en su cerámica y murales, mostrando el profundo vínculo entre guerra, poder y religión.

Gracias a su organización militar y control de los valles costeros, los mochica dominaron amplias regiones durante siglos, dejando una huella imborrable en la historia del Perú antiguo.


miércoles, 20 de julio de 2022

CABALLITO DE TOTORA - CONDOR DELOS ANDES - CULTURA INCA: TRADICIONES Y FIESTAS - DIOS JAGUAR:CULTURA CHAVIN - EL PERRO VIRINGO Y LAS CULTURAS PERUANAS.

CABALLITO DE TOTORA – PATRIMONIO DE LA NACIÓN.

El caballito de totora es una herramienta importante en la pesca artesanal- cuyo uso se remonta a la época de la cultura moche (800 D.C).
Esta actividad (Pesca artesanal en Caballito de Totora) como expresión cultural forma parte del Patrimonio Histórico del País y ha continuado hasta nuestros días con esta función, pero ha adicionado a su uso práctico de la pesca el ingrediente de atractivo turístico. Los jóvenes en nuestros días, lo usan para pescar y también para hacer regatas y algunas veces competencias en los días de las fiestas.
Como reliquia utilitaria, los "caballitos de totora" aún siguen galopando. Esas balsas -cuyo uso era ya muy difundido en la cultura moche de acuerdo a numerosas representaciones artísticas de este pueblo y a las famosas travesías del navegante noruego Thor Heyerdahl y a otras grandes expediciones europeas- han logrado sobrevivir y adaptarse al paso del tiempo a pesar de estar fabricadas con un elemento natural de muy bajo costo: la totora (Typha sp.). Esta planta acuática es empleada por los pescadores del norte de Perú para confeccionar sus embarcaciones, denominadas "caballitos de totora" por la peculiar forma en que las personas se montan en ellas, semejante a la de un jinete, para efectuar sus maniobras al pescar.
Entretejidas con leyendas y tradiciones ancestrales, las balsas representan un excelente medio para fomentar la economía de los pescadores -quienes hace algunos años habían sucumbido ante un trabajo mejor remunerado como estibadores de azúcar en el muelle de Pimentel, Lambayeque, ya que por su gran maniobrabilidad, su capacidad de carga, su resistencia, su peso liviano, su costo de operación nulo y su muy bajo costo les permiten ser propietarios independientes de ellas y de su captura. Sin embargo, además de poder recibir impulso como un atractivo turístico de la región, este tipo de pesca artesanal también podría ser apoyado como fuente de trabajo constante.
La relación con el mar del antiguo poblador peruano se remonta a tiempos ancestrales hasta épocas en las que los cazadores recolectores que ocuparon los Andes descendieron hacia la costa para explotar los ricos recursos marinos que la Corriente Peruana facilita.
En un primer momento, la explotación de recursos se limitaba a la recolección de mariscos en determinadas épocas del año- de allí los restos de grandes conchales que hoy testimonian su actividad en algunos puntos de la costa. Luego, la abundancia de especies marinas llevaría hacia el desarrollo de la pesca, con anzuelos y redes inicialmente desde la orilla, tal como lo testimonian las halladas en Paracas (8.830 AC), para luego adentrarse al mar, habiendo tenido que ingeniar la elaboración de artificios flotadores y posteriormente embarcaciones propiamente dichas.
La aparición de embarcaciones en la actual costa peruana obedeció a necesidades específicas que cada pueblo o cultura fue encontrando. No es posible, con la evidencia disponible, señalar una fecha en que este proceso se inició, pero ciertamente hace ya unos 4.500 años la dieta del hombre costeño había comenzado a incluir peces más grandes, que vivían alejados de la orilla.
Las embarcaciones del mundo andino tuvieron su propio proceso evolutivo. Al parecer, las más tempranas fueron de totora y de palo, que fueron utilizadas en la pesca hasta convertirse en los actuales caballitos de totora y balsillas del litoral Norte.
Aparentemente, debido a las necesidades estatales moche, la balsa de totora creció y alcanzó dimensiones importantes, siendo utilizada para el intercambio y eventualmente para la guerra, como lo evidencia su rica iconografía. El caballito de totora, testigo y prueba de esta antigüedad nos reafirma su presencia en el innumerable número de piezas arqueológicas tanto Moche como posteriormente Chimú, que reflejaban en sus ceramios los distintos procesos de la pesca. Muchos de estos "huacos" nos expresan leyendas y tradiciones que se montaban alrededor de esta embarcación.
Según estudios de la Doctora María Rostworoski el caballito de totora tuvo una presencia importante en el periodo pre-cerámico, abarcando su uso a una amplia extensión de la costa peruana. El origen del Caballito de Totora se remonta a miles de años, así lo expresan los Mochicas tal como aparecen en sus huacos milenarios. Esta embarcación de 3 a 4 metros de largo y como su nombre lo dice está confeccionada de "Totora", planta acuática que crece en los estanques.
Para poder guiar esta frágil embarcación pre-inca hay que hacerlo montado o arrodillado; al cruzar las olas da ligeros saltos, similar al salto de los potros.

Desde tiempos inmemoriables sus habitantes son buenos pescadores; aquí el tiempo ha conservado uno de los mayores tesoros de una raza fuerte que habitó estas costas y que aún sigue utilizando una nave frágil pero segura, el legendario "Caballito de Totora", aún pervive en Huanchaco, Santa Rosa y Pimentel.
El pasar de los años y conforme a la necesidad del pescador de poder realizar su pesca de una manera independiente, transportar su navío al mar y volver a regresarlo a la arena, sin necesidad de ninguna ayuda adicional, es decir, poder realizar esta labor completamente solo; desencadenó una serie de cambios y adaptaciones en lo que es el "Patacho", embarcación utilizada no solo con fines de pesca, si no también, como un importante medio de transporte. El Caballito de Totora de Huanchaco, Pimentel y Santa Rosa mide actualmente de tres a cuatro metros de largo, cuyo cuerpo está formado por la atadura de los juncos de totora fuertemente prensada y como una característica peculiar de estas zonas, este presenta una proa levantada y una popa recortada, en cuyo interior se encuentra calado un espacio donde el pescador ha de colocar sus redes.
A diferencia de otras embarcaciones de su género el pescador no va a horcajadas sobre él, ni tampoco en la concavidad, más bien este va de rodillas, por delante de la concavidad, impulsándose solo con un remo de caña de Guayaquil de 2.50mts de largo.
El pescador de Caballito de Totora se convierte asimismo, en el héroe de todos los habitantes y visitantes de estas caletas. Es sin duda, el ejemplo de héroe de ese mito ancestral de encuentro del hombre con la tierra y el mar. Este hombre sin nombre, resulta ser el guía silencioso de todas las necesidades y expresiones psíquicas de los visitantes de estos muelles, nos hace sentir parte integrante de este nuevo orden ecológico. Él representa el esfuerzo, la acción y la lucha para lograr todo ello, y eso es expresado en el rito de emulación que los visitantes realizan en dichos lugares. No es sólo por diversión, existe un trasfondo muy fuerte de compenetración e identificación con esa tierra y ese mar, siendo el símbolo de todo ello el pescador artesanal sobre su caballito de totora.
La forma de estas pequeñas embarcaciones no es casual, así como el hecho de que aluda a una forma natural (el caballo como medio de transporte). Los antiguos pobladores de esta zona, crearon simbólicamente un medio "natural" para explorar otro medio. Asimismo, el haber sido diseñada esta embarcación para una sola persona denota un individualismo también simbólico, que expresa el papel del hombre como conquistador de nuevos horizontes, hay aquí un evidente antropocentrismo. El pescador en caballito de totora intenta con esta aventura, proponer un orden regular en su cosmovisión, como él es el centro de la naturaleza y para él ella esta creada, así pues, sólo él puede buscar la articulación de los elementos que la conforman.
En las caletas donde aún se aprecian pescadores que se adentran al mar en su tradicional embarcación de totora, no sólo se realiza una conexión física entre la tierra y el mar, sino que además dicha vinculación es visual, y en esa visualidad se potencia la energía espiritual que denotan dichos lugares. En la expectación dada dentro de tales paisajes se estimula la imaginación del hombre en diversas grados y modos, generándose viajes imaginarios, buscando abarcar y abrazar más ampliamente lo que le rodea.
En una cultura tan profunda y vigente como la peruana, las expresiones vivas de herencia cultural forman parte de la riqueza y variedad que ostenta, también define y manifiesta la identidad de nuestro pueblo, revelando su personalidad, intereses y valores.

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EL CONDOR DE LOS ANDES.

Amo y señor de los cielos andinos, el cóndor maravilla a todo aquel que tenga el privilegio de observar su majestuoso vuelo. Sus predominantes alas que extendidas alcanzan los tres metros de longitud y un plumaje teñido de negro que contrasta en armonía con el blanco de su collar, producen un espectáculo fascinante y una sensación de absoluta libertad en las alturas.
Actualmente es posible presenciar al cóndor en todo su esplendor en regiones montañosas del Perú como el valle del Colca en Arequipa, el cañón de Moyobamba en Ayacucho o en la comunidad cusqueña de Chonta, cuyo santuario de los cóndores es muy visitado; aunque también es común apreciarlo en zonas de la costa donde aprovecha las fuertes corrientes de los vientos marinos.
 
UNA DEIDAD PARA LA CULTURA INCA
 
Considerado históricamente como un ave sagrada en el Perú, el cóndor andino ha sido testigo del origen y esplendor de diversas culturas y civilizaciones al adquirir un rol simbólico en muchas de ellas, incluso ha sido representado en cerámicas, pinturas y telares. Los Incas fueron de sus más grandes admiradores: estos lo llegaron a considerar una divinidad encargada de unir el cielo y la tierra.
Esta mística relación se demuestra en uno de los principales templos del santuario de Machu Picchu donde la figura del cóndor yace detalladamente grabada en una piedra de gran tamaño. Historiadores aseguran que es posible que esta efigie haya sido utilizada como altar de sacrificios, pues existe la creencia de que los cóndores eran capaces de elevar el espíritu de los muertos hasta el cielo.
Según la cosmovisión andina, esta milenaria especie pertenece a una sagrada trinidad junto con el puma y la serpiente, los cuales representaban el cielo, la tierra y el mundo de los muertos, respectivamente. Actualmente, muchos pueblos del Perú celebran tradicionales rituales conocidos como el Yawar Fiesta o fiesta de la sangre, donde el cóndor actúa como protagonista principal. 

UN AVE LLENA DE ENCANTOS Y CURIOSIDADES
 
Entre las cualidades más interesantes que tienen los cóndores está el hecho de ser una de las especies más fieles de la naturaleza. Esto se debe a que una vez que eligen a una pareja son capaces de mantenerse con ella por el resto de su vida. Otro aspecto importante es que cumplen una valiosa función ecológica. Y es que, al ser un ave carroñera, el cóndor acelera el proceso de descomposición de las especies sin vida y evita así la proliferación de microbios causantes de enfermedades.
Al poseer un alargado y puntiagudo pico, el cóndor puede desgarrar alimentos con facilidad, mientras que sus ojos ubicados a ambos extremos de su cabeza le dan un amplio campo visual que le permite identificar animales muertos a gran distancia.
Esta ave, además, es una de las especies más longevas del mundo, pues es capaz de vivir hasta los 80 años. Su ciclo reproductivo llega a la madurez sexual a los ocho años y pone huevos cada dos, lo que la convierte en un animal en peligro de extinción por su bajo índice de descendencia. Por ello, sus cuidados y estado de conservación son prioridad no solo en el Perú, sino en todos los países de la región, donde se viene tomando medidas importantes con el fin de asegurar la protección y calidad de vida de esta ave majestuosa.

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CULTURA INCA - FIESTAS Y TRADICIONES

Como muchas de las culturas del mundo antiguo, los incas celebraron diversas festividades. Algunas servían para comenzar el calendario de labores agrícolas. Otras, para rendir culto a los principales dioses incas. Éstas se realizaban en diversas fechas del año incaico.
Las principales festividades fueron el Cápac Raymi (fiesta del solsticio de verano que indicaba el comienzo de las labores agrícolas) y el Inti Raymi (fiesta de culto al sol en la que participaba el inca y miles de personas en la ciudad del Cusco).
Dentro de las festividades se manifestaban diversas tradiciones incas como: las celebraciones de ‘pagos a la tierra’. Incluso la festividad del Inti Raymi se continúa celebrando en Cusco con representaciones artísticas de los antiguos incas.
La organización de los trabajos se hacía en semanas de nueve días, lo que permitía dividirlas en períodos de tres.
La agricultura era la principal actividad del Tahuantinsuyu, el cultivo de la tierra exigía que las técnicas básicas de la siembra, el riego y la cosecha se realicen de acuerdo a un cronograma anual o calendario agrícola que fue elaborado a través de la experiencia que durante miles de años realizaron los pre-incas e incas.
El Calendario Inca estaba relacionado con los ciclos del Sol y de la Luna hasta es de suponer que además tuviera en cuenta el movimiento de otros astros (la estrella Sirio). Había un Calendario Imperial, pero al mismo tiempo existían Calendarios Regionales ajustados a las necesidades agrícolas de cada zona (ubicación de tierras, climas, etc.). El calendario Inca era al mismo tiempo un calendario agrícola y religioso, la mitad del año era el semestre del Inca y el Sol, el semestre masculino. La otra mitad era el semestre femenino de la Luna y la Coya.
En diciembre, con la Fiesta del Cápac Inti Raymi, comenzaba la fiesta del Huarachico en la cual eran iniciados como varones los jóvenes de la nobleza Inca. El ritual era muy complicado e incluía ayunos, esfuerzos y combates simbólicos. Los jóvenes se identificaban con los animales representativos del valor: El guamán (Halcón) y el puma. Toda la festividad duraba tres semanas. Al final de las cuales eran declarados Guamanes del Imperio.
Las fiestas más importantes eran celebradas en los meses de diciembre, junio y setiembre. Correspondía, respectivamente, a la Fiesta de Huarachico (Diciembre), a la fiesta del Inca y el Sol: junio (Inti Raymi) y a la fiesta de la Coya y La Luna (setiembre). El Inti Raymi o Fiesta del Sol, celebrada en Junio, permitía al Inca desempeñar sus funciones religiosas de intermediario entre la tierra y los poderes celestes. Se hacían numerosos sacrificios.
En la fiesta Coya Raymi eran expulsados del Cuzco todos aquellos que no fuesen Incas, debían salir también los enfermos, el Cuzco debía ser joven y limpio, en medio de ceremonias eran expulsados los males y las desdichas.

Según las crónicas de los conquistadores españoles, en Cuzco, la capital del imperio Inca, existía un imponente calendario solar de carácter público, el cual estaba constituido de pilares de 5 metros de altura, cada uno. Los pobladores podían establecer la fecha, por la extrapolación visual de los pilares hacia el horizonte.
La cultura Inca deriva de un calendario lunar, en principio, a uno solar. Como deidad preponderante en la cosmología inca, el Sol era el centro de toda su atención. Para su observación se destinó plataformas de piedra (Ushnus) situados en lugares apartados.
Investigadores han propuesto un tercer calendario, el sideral-lunar. Este calendario centra su base en el período que demora la Luna en ocupar la misma posición relativa entre las estrellas. Este ciclo es de 27,33 días. Doce meses de 27,33 días arrojan un total de 327,96 días (328 días). Este número coincide con el total de Huacas (sitios ceremoniales sagrados) que los Incas colocaron en los alrededores de Cuzco.
Si este calendario sideral-lunar es cierto, los ciclos de tiempo inca también estaban determinados por la visibilidad del conglomerado de estrella "Las Pléyades", ya que la resta entre el año solar y el año sideral-lunar (365-328) arroja el valor de 37 días, exactamente los días en que este cúmulo estelar abierto no es observable desde Cuzco.

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DIOS JAGUAR – CULTURA CHAVIN.

El dios antropomorfo felino o jaguar es para Julio C. Tello la divinidad suprema en el panteón de Chavín de Huantar. Los atributos del felino aparecen como un motivo recurrente en todas las representaciones de Chavín. Ahí se gestó el primer gran centro de alta cultura y de propagación religiosa. Por ello el culto al dios antropomorfo felino será propagado en las demás culturas hasta la llegada de los españoles.
La divinidad felínica es considerada como la fuerza que unifica todas las culturas andinas en el curso de su desarrollo histórico.
Se sabe que el felino fue un animal totémico, divinizado tal vez por su poder y su astucia. Sin embargo, no lo encontramos representado de manera realista en la iconografía prehispánica. Ya sea en piedra, cerámica, textil o metal, casi nunca aparece completo. Más bien se le evoca por aquellos elementos aislados que lo simbolizan: sus colmillos, sus garras, su cola y sus ojos. Todos estos elementos expresan fuerza, fiereza, poder y peligro.

El temor cósmico
El dios felino con su fuerza y fiereza parece predicar un culto ordenador basado en el temor a las fuerzas sobrenaturales.
Duccio Bonavia dice que el arte terrífico de Chavín:
Representa un mundo de mitos y creencias totalmente alejado de nuestra mentalidad en que seguramente está latente el terror cósmico que debió afligir al hombre de entonces, enfrentado continuamente con una naturaleza hostil de dimensiones impresionantes.
Según Bonavia la impotencia del hombre ante las fuerzas de la naturaleza lo llevó a buscar refugio en la religión, porque es ella la que le abre el diálogo con los seres superiores que aparentemente manejan este mundo.
Sin embargo, a pesar de que podemos acercamos al lenguaje visual que utilizó esta religión, su verdadero contenido aún nos es desconocido.

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EL PERRO VIRINGO EN LAS CULTURAS PERUANAS.

El perro sin pelo fue alguna vez parte esencial de la cultura de Perú que se remonta a miles de años atrás, a la época precolombina.
El llamado Viringo Peruano aparecía con frecuencia en las pinturas, la cerámica y la iconografía de las culturas inca, moche, wari y chimú, siempre retratado como compañero y tan calvo como un águila.
Los criadores los llaman "perros primitivos" porque se encuentran entre un pequeño conjunto de razas cuyas características genéticas no han cambiado durante miles de años de existencia.
Tanto es así que, incluso, se ha llegado a decir que son "tan importantes como Machu Picchu" para la cultura peruana.


Cuando los conquistadores españoles llegaron a las costas de Perú en 1532, estos perros eran muy comunes.
Con sus dientes y lenguas sobresalientes, y su piel negra y manchada, cuando los españoles vieron a estos animales sin pelaje creyeron que eran muy feos, y decidieron que eran malignos y que debían eliminarse.
"Ellos (los españoles) pensaban que eran satánicos, así los llamaban los católicos", dice Mirella Ganoza. "Creían que estos perros tenían algo siniestro dentro de ellos porque eran muy extraños".
A lo largo de los siglos, los perros murieron lentamente y desaparecieron de la conciencia pública.
Ya no eran queridas mascotas peruanas, sino perros callejeros calvos ignorados y desvinculados de la cultura. La arqueóloga recuerda que cuando era niña le dijeron que eran "perros chinos" traídos por una ola de inmigrantes en los siglos XIX y XX.



viernes, 8 de julio de 2022

LA DAMA O SEÑORA DE CAO.

El nombre “Señora de Cao o Dama de Cao” hace referencia a los restos mortales pertenecientes a una mujer de la cultura mochica que se cree gobernar el norte del actual Perú en el siglo IV DC El hallazgo se produjo el 15 de mayo de 2006 en el departamento de La Libertad, por parte de un equipo de Arqueólogos nacionales dirigidos por Regulo Franco Jordan. Para ello se contó con el apoyo financiero de la Fundación Augusto N. Wiese, en el marco del Proyecto Arqueológico El Brujo. El contexto funerario se recuperó en la denominado Huaca Cao Viejo, considerado como centro ceremonial, emplazada en el Valle de Chicama, Perú.
La huaca Cao Viejo es una edificación construida por millas de bloque de adobe que se estima originalmente alcanzaba los 35m de alto, 90m de ancho y 180mde largo (Vázquez Hoys 2011). La construcción final es producto de un total de cuatro templos superpuestos, ya que la sociedad moche realizó prácticas consistentes en “entierros ceremoniales” de edificios, una vez que culminó un período de gobierno. En esta huaca se sepultaron a individuos de altas jerarquías, como así también a personas sacrificadas como sus acompañantes.
La tumba de la mujer en asunto, fue hallada en una plataforma intermedia, lo cual la preservó de las lluvias de esa zona cos teña-Fenómeno del Niño- y del efecto de la capa freática del subsuelo. Además, a pesar de que la zona cerca de pérdidas importantes de material arqueológico, producto de los huaqueo o saqueos, esta huaca estuvo exenta de esas situaciones. número original sufrir perturbación alguna, por lo que se trataría de un hallazgo de tipo primario. Esto sorprendió bastante al grupo de investigadores ya que la mayoría de los restos humanos recuperados de esta sociedad sufrieron muchos daños -producto del Fenómeno del Niño-, pero este fardo funerario se hallaba intacto. Otro dato importante sobre dicha plataforma, es que en ella se hallaron otros entierros y uno de los elementos que se atribuyen de indicio, fue la presencia de una pieza cerámica depositada arriba de cada uno de ellos. por sobre los restos de la señora de Cao se halló una cerámica con forma de un búho enterrada hasta la altura del cuello y a continuación se encontró una cubierta sus tentada por unos bloques de adobe y abajo de caña. Debajo, unas maderas de algarrobo desbastadas, a modo de vigas, servían para proteger el entierro.

    
    Alrededor de éste se habían dispuesto diversas vasijas. Finalmente se halló el fardo funerario de la mujer. En uno de los laterales se encontró el cuerpo de una adolescente sacrificada que, según se interpreta fue su sirvienta. Dentro del fardo el cuerpo estaba cubierto con placas de metales de cobre en forma de olas y de aves marinas. Se cree que los demás entierros hallados en tumbas cercanas corresponderían a cuatro acompañantes que la protegían en su viaje al Más Allá. Uno de ellos poseía un chaleco de cuero, con aplicaciones de plumas, que representa un personaje de rostro expresivo, elaborado en cobre dorado, y aquellos ojos y boca tienen delicadas incrustaciones de concha y nácar.
Como se mencionó anteriormente, el fardo estaba acompañado con ceramios, pertenecientes a tres periodos diferentes: Mochica, Salinar y Gallinazo.
El fardo funerario completo pasaba alrededor de unos 120kg, a la altura de la cabeza estaba dibujado un rostro humano. Es destacable que una de las telas que envolvía al cuerpo tenía un largo de unos 70 m. Dentro del fardo se fueron encontrando objetos distintos, entre ellos: cuatro coronas y diademas.


    Cuando los investigadores llegaron hasta el cuerpo preservado naturalmente tenía un cuenco de metal que había sido colocado sobre su rostro. Esta tenía cinabrio (sulfuro de mercurio), el mismo polvo rojizo que había sido utilizado para pintar su cuerpo, pero algunos investigadores afirman era de función simbólica, representando el líquido vital, la sangre. Además, se cree que al ser este un mineral toxico, las personas que habrían realizado esto se habrían desaparecido después.

    
Además, se halló una finísima pieza de cerámica polícroma, decorada con iconografía moche, en la que se colocó una corona de plata y cobre dorado, en forma de penacho, ubicada a la altura de la cabeza y tiene dos bandas alargadas, muy similar a la que aparece en la iconografía moche, asociada con un personaje del mismo rango que el Señor de Sipán. Gracias a su excelente grado de conservación, el cuerpo de esta mujer fue preservado naturalmente, lo que permitió realizar algunos análisis de antropología física. Estos han aportado información sobre sus características físicas y las causas de su muerte. Es así que fue posible determinar que su estatura rondaba los 1,45 m y se estima que tenía entre 20 a 25 años al momento de su muerte, la que ocurrió posiblemente por complicaciones después de un parto. Esto último se infiere porque en su vientre presentaba unos pliegues de la piel, típicos del posparto Otro dato muy interesante es que su cuerpo estaba tatuado de serpientes, arañas, cocodrilos, animales lunares y figuras geométricos. Debajo del cuerpo había una fina capa de arena y a la altura de la cintura se encontró una copa ceremonial y piezas de conchas (que eran usado por la nobleza en la época prehispánica) en cada una de las manos de la mujer noble.

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PRODUCCION DE CERÁMICA MOCHICA.

Las primeras evidencias arqueológicas de contextos de producción artesanal se registraron en el sitio de Galindo, en la zona media del valle de Moche, entre los años 1979 y 1973. Garth Bawden, su investigador, registró en el extremo norte de la ciudad, un taller destinado a la producción alfarera, inferido a partir de un área de cocción de cerámica a tajo abierto y un corral de llamas adyacente. Bawden concluye que el taller de cerámica y el corral formaron una unidad funcional asociada a la producción de objetos de cerámica como figurinas, cántaros con cara gollete, botellas de doble cuerpo, así como vasijas para almacenar y cocinar. Aparentemente, todos los pasos de la cadena operativa se desarrollaron dentro del taller. Este investigador sugiere que las llamas habrían sido el medio de transporte para traer la materia prima e intercambiar fuera del asentamiento las vasijas manufacturadas. La ubicación del taller en la periferia del asentamiento, en un área no diferenciada de ocupación residencial, sugirió a Bawden que las actividades realizadas dentro del taller estuvieron en manos de artesanos de bajo status social sin la supervisión o control de la clase gobernante y cuya producción era destinada para consumo al interior de la ciudad
En el año 1993, José Armas, Violeta Chamorro y Gloria Jara registraron el primer contexto con características de taller artesanal en el Núcleo Urbano de la ciudad de las huacas del Sol y de la Luna. A decir de sus investigadores, la cadena operativa completa se realizaba in situ, y lo producido estaba destinado a ser utilizado en actividades rituales. Los restos de material orgánico hallados en los pisos y rellenos de pisos demuestran un preferencial acceso a recursos alimenticios y llevó a sus investigadores a asumir que el grupo de artesanos que aquí laboró formó parte de la elite misma moche. Diferentes artículos al respecto fueron publicados. En este contexto se encontraron dentro de la arquitectura, rompiendo los pisos arquitectónicos, dos tumbas que podrían pertenecer a dos artesanos, hombre y mujer, ubicados cronológicamente en diferentes momentos de uso del espacio del taller, las cuales muestran un rico ajuar funerario. Los detalles sobre los hallazgos son precisados más adelante. Otra zona de producción de cerámica mochica fina fue registrada por Glen Russell y coautores en Cerro Mayal (valle de Chicama), muy cerca del sitio arqueológico conocido como Mocollope, cuyos resultados fueron publicados en 1994.


Según los autores, Cerro Mayal fue un gran taller especializado en la fabricación a gran escala de vasijas y objetos de cerámica de tipo suntuario y ritual (floreros, jarras, vasijas escultóricas, ollas, figurinas, cuencos, botellas, cancheros, vasos efigie, copas, pendientes, sonajas y silbatos), destinados principalmente al uso por parte de las clases altas y medias de Mocollope. Es significativa la escasez de evidencia de actividades domésticas o de habitación; el área fue usada principal o exclusivamente para la totalidad de los pasos de la cadena operativa de manufactura de cerámica. La producción pudo ser organizada por artesanos independientes, sin control o supervisión directa de las elites, aunque, sus investigadores propusieron como otra posibilidad que el líder local de Cerro Mayal pudo deber una cuota de producción al Señor de Mocollope, su superior en términos socio políticos. En el mismo año 1994, Izumi Shimada publicó un libro sobre los resultados de sus excavaciones en la ciudad moche tardía conocida como Pampa Grande, reportando un taller de alfarería ubicado en una zona céntrica de la ciudad. Entre otras cosas, el taller en cuestión evidenció un área de cocción a tajo abierto con restos de cerámica ritual de la fase estilística Moche V (platos, cuencos, floreros, ollas, cántaros, botellas, discos perforados, figurinas), moldes, carbón, y lo que Shimada cree fue excremento de llama utilizado para “ahogar” la cerámica y generar una atmósfera reductora, que le da un color gris a la pasta. Según este autor, todos los pasos de la cadena operativa se realizaron dentro del taller, el cual estuvo supervisado por las elites moches. Sus consumidores finales conformaron la población local. Una prospección realizada en el año 2000 por Gloria Jara en la falda noroeste del cerro Blanco, a pocos metros del Templo Nuevo de la huaca de la Luna, permitió identificar los restos de un taller de cerámica doméstica. Lamentablemente, los estudios en ese espacio aún no se han realizado.

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LEYENDA DE NAYLAMP. (CULTURA CHIMÚ)

   Tacaynamo fue el fundador y primer gobernante del Reino Chimú habría venido de Payta o Tumbes, implantó un Estado despótico, militarista y de gobierno hereditario.  De Tacaynamo solo se tiene conocimiento gracias a una crónica escrita en 1604, cuyo autor es anónimo, en la que habla de que “No se sabe de dónde hubiese venido”, “dio a entender que era gran señor”, Vino en “balsa de palos…”, “…habia sido enviado a gobernar esta tierra… de otra parte del mar”.  Sin embargo, algunos autores como Federico Kauffman Doig han planteado que su procedencia sería de Payta o Tumbes ya que se menciona la “balsa de palos”, además que usaba en ceremonias “polvos amarillos” y “vestía paños de algodón con que traía cubierta las partes vergonzosas” (taparrabos) que el autor afirma que son tradicionales de donde el gobernante veía y que fueron muy usadas en esa región.  Al parecer reunía poderes tanto políticos como sacerdotales. En la crónica dice que “usaba en sus ceremonias” de “polvos (amarillos)” y vestía paños de algodón con que traía cubiertas las partes vergonzosas”.
    A su llegada se habría empezado a construir la ciudad de Chan-Chan, ya que esta ciudad consta de diez pirámides, el mismo número que el de los gobernantes Chimú hasta la llegada de los incas, cada una de las cuales habría sido construida por cada uno de los gobernantes.  En realidad, fuera de la crónica citada no se sabe nada más de Tacaynamo, hay que señalar además la interesante semejanza con Naylamp, el fundador mítico de Lambayeque.  El sucesor de Tacaynamo fue su hijo Guacricur, con el que empezarían las conquistas. Una leyenda similar a la de Naylamp, existe con relación a los reyes fundadores del imperio Chimú que se extendió por el norte hasta Piura y Tumbes.  Se atribuye al obispo de Trujillo Carlos Marcelo Corne, fundador del seminario de esa ciudad, el haber hecho conocer la llegada a las costas de Pacasmayo de un personaje llamado Tacaynamo el cual se asentó en el valle del Chimor y lo conquistó.  Tacaynamo al que también se le llama Chimor Capac, fue el fundador de la dinastía que gobernó la región Chimor o Chimú.  Chimor Capac, llegó en una balsa de palos, al igual que la utilizada por los naturales de Paita y Tumbes, por cuyo motivo se presume por el mismo Carlos Marcelo Corne, que no llegaban de muy lejos. No se descarta según esa teoría que Chimor haya sido de la costa ecuatoriana o de Tumbes y aun del litoral piurano.  A Tacaynamo sucede en el gobierno su hijo Guari-Caur que extiende las conquistas, pero fue NancenPinco hijo del anterior, el que extendió el reino hasta Santa por el sur y Pacasmayo por el Norte. Siguen después hasta media docena de reyes y viene luego Michan-Caman en cuyo tiempo el reino logra su mayor extensión pues llega de Tumbes hasta el norte de Lima. 

   
Es entonces cuando el reino es reducido por los Incas, cuyas huestes al mando de Tupac Yupanqui, derrotaron al gran rey Chimú y fue llevado prisionero al Cuzco en donde lo casaron con una princesa de sangre imperial.  A partir de entonces se sucedieron una serie de reyes vasallos como Chumun-Caur, Guaman Chumu, Anco Coyuch el que al morir no dejó sucesión por cuyo motivo entro a reinar su hermano Caja Cimcim en cuyo tiempo llegaron los españo1es con los cuales colaboró y recibió el bautizo, tomando el nombre de Martín siendo sepultado al morir en la iglesia de santa Ana.  Los curacas tallanes vasallos, entregaban a sus hijos señoríos, que con el tiempo fueron cobrando cierta independencia lo cual debilitaba el poder de los reyes Chimús, lo que era del agrado de los Incas, por que evitaba cualquier intento de rebelión.  En realidad, los pueblos tallanes, sólo tenían muy débiles lazos de subordinación con los reyes Chimús, y cuando los Incas conquistaron Chan-Chan tales lazos de inmediato se rompieron.  Los tallanes eran de espíritu muy independiente, y la autonomía que mantuvieron frente a los chimús la conservaron durante el gobierno de los Incas, lo cual fue claramente comprobado por los españoles al arribar al Perú.

jueves, 9 de junio de 2022

LOS CAMÉLIDOS EN PERÍODO MOCHICA - ETAPAS DE LA CULTURA MOCHICA - SACRIFICIO CHIMÚ - EL JAGUAR

ORIGEN GEOGRÁFICO DE CAMÉLIDOS EN EL PERIODO MOCHICA (100-800 AD).

1. Los camélidos domésticos sudamericanos, la llama (Lama glama) y la alpaca (Vicugna pacos), han desempeñado y siguen jugando un papel importante en la economía y creencias de las poblaciones andinas. En la época prehispánica, la llama era la única bestia de carga que aseguraba el transporte de mercancías de una región a otra, su lana servía para vestirse, su carne para alimentarse, su cuero y huesos para fabricar diversas herramientas y adornos, sus heces se utilizaban como combustible, sus entrañas para leer los augurios. La llama era utilizada también durante los rituales funerarios y todavía sigue siendo sacrificada para rendir homenaje a los antepasados y a las deidades (Flores Ochoa et al., 1994). A pesar de la importancia de las llamas y alpacas, sus modalidades de crianza, la gestión de los rebaños y la ubicación de las áreas de cría en la época prehispánica aún son poco conocidas. La presencia de estos animales en la costa peruana se demuestra a través de la presencia de innumerables restos óseos encontrados en muchos sitios de la época prehispánica (Bonavia, 1996; Goepfert, 2011; 2012; Lozada et al., 2009; Pozorski, 1976; 1979; Topic et al., 1987; Shimada & Shimada, 1981; 1985; Vásquez et al., 2003) y en particular los de la cultura Mochica que se desarrolló en la costa norte entre los años 100 y 800 d. C.
2. Ambas especies domésticas viven actualmente en la sierra, específicamente en la puna o altiplano, es decir en las zonas localizadas a más de 3 000 m de altitud. Sin embargo, están totalmente ausentes en las regiones bajas como la costa peruana, un desierto muy árido, área poco propicia a la crianza. La distribución actual de los camélidos ha influido durante mucho tiempo en las interpretaciones e hipótesis propuestas por los arqueólogos. En efecto, estos últimos no consideraron —o lo hicieron con un fuerte escepticismo— la posibilidad de una auténtica vida costeña de los camélidos en la época prehispánica. Por ejemplo, Pozorski & Pozorski (1979: 431) escribieron que:
The camelids at Huaca Negra are the earliest documented at a North Coast site, and they have been furnished from an inland center for ceremonial use in the temple.
3. Estos autores asumen que los camélidos encontrados en la Huaca Negra —un sitio formativo del valle de Virú— llegaron desde el «interior» de las tierras, refiriéndose probablemente a un sitio ubicado en la parte alta del valle o de la sierra, con el fin de ser utilizados en los rituales religiosos que se desarrollaban en el templo. Esta convicción ilustra el pensamiento general que subordinaba entonces el descubrimiento de estas especies en los sitios costeños a un origen externo, ubicado en la sierra. En un artículo de síntesis sobre las prácticas de crianza en la costa norte, Shimada & Shimada (1985) muestran la importancia cada vez más relevante de los camélidos a partir del fin del Periodo Intermedio Temprano y del Horizonte Medio. Según estos autores, los camélidos se criaban en la costa desde al menos la fase Moche V. Topic et al. (1987) insisten en la necesidad de diferenciar las especies domésticas de camélidos antes de tratar las modalidades de crianza. Para ellos, los datos fisiológicos de los animales y la utilización específica de los camélidos por los humanos (llamas para carga, alpacas para lana) condicionan el lugar de crianza. Para Topic et al. (1987), las alpacas no podían fisiológicamente ser criadas en la costa, lo que tiene como consecuencia que su lana fuese traída desde la sierra. Sin embargo, hay que tener más cuidado con estas correlaciones y con la atribución estricta de una especialización porque sabemos hoy día, por ejemplo, que la lana de llama era de una calidad sumamente fina para poder ser utilizada en la fabricación de textiles (Wheeler et al., 1992: 471-473). También, los hallazgos de El Yaral fechados de la cultura Chiribaya (600-1000 d. C.) sugieren que las alpacas vivían en la costa (Wheeler, 1996). Se podría argumentar que las poblaciones humanas prehispánicas practicaban una trashumancia hacia los valles medios y altos, desplazando sus animales hacia pisos ecológicos más ricos en recursos alimenticios y por lo tanto más favorables para la crianza de sus ganados antes de regresar a la costa. Sin embargo, esta hipótesis no concuerda con la presencia frecuente en los depósitos funerarios y sacrificiales mochicas de camélidos muy jóvenes, presentando una edad estimada de 3 a 9 meses (Goepfert, 2011; 2012). Estas crías eran demasiado frágiles para hacer largos viajes desde la puna hacia los valles de la costa. No existe, actualmente, testimonios etnográficos que demuestren la incorporación a las caravanas de animales de edad inferior a los 1,5-2 años (Flores Ochoa et al., 1994; Lecoq, 1987).

4. Si se admite que la distribución geográfica y las preferencias ecológicas actuales de los camélidos son un fenómeno relativamente reciente, debido a los movimientos de los rebaños durante el periodo posconquista, las relaciones entre la zona costeña pacífica y la sierra peruana quedan por ser documentadas. Los datos arqueológicos, zooarqueológicos (Bonavia, 1996; Shimada & Shimada, 1981; 1985; Vásquez et al., 2001; Wheeler, 1985; Wing, 1972; 1975) e isótopicos (DeNiro, 1988; Finucane et al., 2006; Thornton et al., 2011) han proporcionado un primer enfoque sobre las prácticas de crianza, pero no permiten responder todas las preguntas, en particular las relativas a la movilidad y permanencia de los animales en la costa. El objetivo de este trabajo es comprobar si el análisis isotópico secuencial del esmalte dentario permite reconstruir el origen geográfico de los camélidos cuyos restos óseos fueron encontrados en los sitios prehispánicos de la costa del Pacífico. Presentamos aquí los primeros resultados de análisis isotópicos seriados realizados sobre un sitio mochica (la Plataforma Uhle ubicada en el sitio de las Huacas de Moche) que fueron comparados con los obtenidos sobre un individuo actual de la puna (región de Arequipa). Se trata de un proyecto exploratorio y es importante exponer su protocolo. Por lo tanto, se hará hincapié en la metodología aún nueva en la zona andina.

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CULTURA MOCHICA: ETAPAS O PERÍODOS.

Período del comienzo, que tiene lugar entre 150 y 300 d.C. Durante el transcurso de esta época los mochicas se impusieron sobre la cultura Virú-Gallinazo, en el plano militar e ideológico, para imponer sus creencias.
Período de la expansión, que tuvo lugar desde 300 hasta 600 d.C. Fue el periodo de máximo apogeo de la cultura, con máximos logros, tanto en lo político como cultural. Se forma el Estado Mochica del Norte y el Estado Mochica del Sur. Sipán fue el centro principal del estado norteño y el valle de Moche fue del sureño.

El último período, denominado Ocaso. Período donde comienza la decadencia entre 650 y 700 d.C., debido a la devastación que fue ocasionado por el fenómeno climatológico el Niño. La jerarquía de los moches comenzó a perder poder sobre la población, quienes comenzaron a revelarse debido a la ausencia de distintos elementos como comida, colapso de santuarios, etc. A la decadencia hay que sumarle la irrupción de los guerreros waris, quienes habían iniciado su expansionismo, dando por cerrado el Intermedio Temprano y se abre el Horizonte Medio.

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UN SACRIFICIO MASIVO DE NIÑOS Y LLAMAS EN EL PERÚ DEL SIGLO XV

En 2016, cuando finalizaron las excavaciones en Las Llamas, habían aparecido los restos esqueléticos de más de 140 niños y niñas y más de 200 llamas que, con toda probabilidad, fueron sacrificados durante un ritual acaecido entre 1400 y 1450, según ha indicado la datación por radiocarbono de las cuerdas y textiles de los fardos funerarios. El dramático suceso ha sido enmarcado en la cultura chimú, a la sombra de Chan Chan, la floreciente capital del reino chimú, cuyas ruinas se encuentran a menos de un kilómetro de distancia. Sólo los incas comandaron un imperio más grande que el chimú en la Sudamérica precolombina: las superiores fuerzas incas pusieron fin al reino chimú alrededor del año 1475.
Las investigaciones científicas del sitio sacrificial de Las Llamas, financiadas por National Geographic Society, están siendo desarrolladas por Gabriel Prieto y John Verano, de la Universidad Tulane. Hay constancia de eventos sacrificiales humanos entre los aztecas, mayas e incas gracias a las crónicas coloniales españolas y a las excavaciones científicas modernas, pero "el descubrimiento de un evento sacrificial infantil a gran escala en la poco conocida y precolombina civilización chimú no tiene precedentes en el continente americano y puede que tampoco en el mundo entero", afirma Kristin Romey, la autora de un artículo publicado el jueves sobre el tema, una exclusiva de National Geographic.

  Los 140 niños sacrificados tenían entre 5 y 14 años de edad, la mayoría entre 8 y 12; las llamas tenían menos de 18 meses de edad. En un estrato de lodo los arqueólogos han descubierto las huellas impresas por adultos con sandalias, perros, niños descalzos y llamas jóvenes, con unas marcas de deslizamiento que indican que los animales opusieron resistencia. La fatídica procesión ritual ha sido reconstruida gracias a las huellas: el grupo de niños y llamas fueron conducidos al sitio sacrificial, un mirador con vistas al Pacífico, donde fueron sacrificados y enterrados los niños, mientras que los cadáveres de las llamas fueron dejados tal cual en el fango húmedo. Los restos esqueléticos (un esternón cortado por la mitad y costillas dislocadas) evidencian el uso de una violencia macabra: sus pechos fueron abiertos, probablemente para extraerles el corazón. Los restos de tres adultos, un hombre y dos mujeres, también fueron hallados muy cerca y seguramente desempeñaron alguna función en el evento sacrificial.

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LA PRODUCCIÓN DE TEXTILES: ICONOGRAFÍA.

   La textilería es el rasgo menos conocido y estudiado de la cultura material moche, en parte debido a la mala o nula preservación de los tejidos, lo que limita el corpus de información y por ende, su estudio. Sin embargo, es irrefutable que el uso de los textiles en la sociedad moche, al igual que en otras sociedades del mundo, fue más allá de su uso primario como elemento de abrigo. El tejido tenía una función social muy importante, ya que no sólo se utilizaba para vestir y proteger el cuerpo, o para el confort en las casas. Su producción trasciende lo meramente doméstico y funcional, pues se empleaba también como ofrendas en rituales diversos y alianzas, en los trueques, en los tributos, etc.  En el presente capítulo, presentaremos los antecedentes de estudios sobre textilería moche; igualmente, haremos un repaso de los datos etnohistóricos proporcionados por los cronistas y etnohistoriadores, así como los datos etnográficos. 

  También analizaremos el dato iconográfico proporcionado por dos escenas de actividad textil. Con estos datos y la información recogida de las excavaciones realizadas en la ciudad de las huacas del Sol y de la Luna, elaboraremos un catálogo de los productos textiles, enfocaremos diferentes aspectos de la producción como las identidades de los productores y de los dueños de la producción, los medios de producción y la cadena operativa del trabajo textil, y la distribución de los productos textiles y sus consumidores.

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CULTURA MOCHICA: EL JAGUAR.

La cultura moche se desarrolló desde el año 100 al año 800 d.C. Una cultura basada en el poder religioso –sus grandes señores y sacerdotes tenían «línea directa» con los dioses– que amplió sus territorios gracias a esa forma de control y a su prosperidad económica. Su dios principal era Ai-apaec, el creador del Universo, que era representado de muchas formas, pero siempre con colmillos –EL JAGUAR-puma, dios terrenal– y serpientes –dios del inframundo–. Era mediante la fusión del hombre con los animales como mostraban otras deidades: el hombre-zorro como el soldado, el hombre-búho como el sacerdote, el hombre-iguana como la muerte –porque crea sus nidos bajo tierra, en el inframundo–, etc.
Casi todo lo que se conoce sobre la élite moche es a través del dibujo de una pieza de cerámica –conocida como la pieza Larco, porque se encuentra en el museo Larco de Lima– que representa a las cuatro figuras más importantes de la cultura mochica: el señor, el sacerdote, la sacerdotisa y el sacerdote guerrero.

  También a partir de la cerámica, se sabe que realizaban sacrificios humanos, pero no de esclavos o prisioneros. Para decidir quién iba a ser sacrificado a Ai-apaec, los grandes guerreros luchaban entre ellos con sus mejores trajes. El primero que perdía su tocado –dejando al descubierto sus cabellos– era sacrificado. Desnudo y atado era llevado a la sala del templo en la que bebía el cactus del San Pedro –un fuerte alucinógeno–. Posteriormente era degollado y su sangre recogida en una copa por el sacerdote. La copa era entregada al señor que, frente al pueblo, ofrecía la sangre del guerrero a la tierra como ofrenda. Los sacrificios humanos no eran habituales y se «limitaban» a los momentos de cambios climáticos, sequías o lluvias torrenciales, para aplacar a los dioses.