viernes, 24 de enero de 2020

ENTRE PICAFLORES Y COLIBRÍES.

LOS COLIBRÍES.

            Los colibríes o picaflores forman un grupo monofilético; esto es, que posee un origen común, de aproximadamente 340 especies que varían en forma, tamaño corporal y conducta. Agrupadas en la familia Trochilidae, por lo que también se les conoce como troquílidos, este conjunto de aves es, después del de los mosqueros (familia Tyrannidae), el grupo monofilético de pájaros más diverso del continente americano. Las relaciones filogenéticas de los colibríes con otros grupos de pájaros no son muy claras y debido a los avances en la sistemática molecular, quizás ya sean caducas. Hay pruebas al menos de que aparecen al mismo tiempo que los vencejos, con los que han sido clasificados tradicionalmente por compartir algunas características morfológicas. Por otro lado, se acepta que los colibríes se ordenen en dos grupos, los ermitaños en la subfamilia Phaethorninae (ca. 30 especies), y los demás colibríes en la Trochilinae (ca. 310 especies). Aunque hay cierta variación en tamaño corporal, aproximadamente 80% delas especies son de tamaño medio (en promedio pesan 4 gramos y tienen una cuerda alar de 50-60 mm). El tamaño del pico varía entre 10 y 120 mm, pero en promedio la mayoría de las especies tienen un pico de aproximadamente 20 mm, aunque se puede observar en la figura 1 que no hay una distribución normal en tamaño de picos.


Los colibríes se pueden encontrar en una gran variedad de hábitats, desde las selvas húmedas y secas en los trópicos —donde proliferan con una gran variedad de formas— hasta los bosques de coníferas en las zonas templadas, desde los desiertos cálidos hasta las montañas cubiertas de nieve en donde sobreviven sólo los que pueden entrar en torpor. Geográficamente, se distribuyen desde Alaska hasta la Patagonia, pero su área de mayor diversidad se ubica a lo largo de la línea del ecuador (Figura 2). En cuanto a su distribución altitudinal, los colibríes se encuentran desde el nivel del mar hasta a más de 4 000 msnm.
            Los colibríes poseen ciertas características únicas. Con su peculiar manera de volar, al revolotear pueden maniobrar en todas las direcciones y a una velocidad sorprendente. Los cambios en el esqueleto, como el gran tamaño del esternón y la reducción de los huesos en el brazo, así como la musculatura asociada al esternón son interpretados como adaptaciones para su forma de vuelo. Otra peculiaridad es que se alimentan esencialmente del néctar de las flores. Aunque llegan a consumir grandes cantidades de artrópodos, los colibríes, junto con los murciélagos, son los nectarívoros vertebrados más importantes en el Nuevo Mundo. Colectan por capilaridad el néctar floral con la lengua, que es un tubo largo que se bifurca hacia la punta y que se puede extender hacia afuera hasta la misma distancia del tamaño del pico. 


          Sin duda, una de las características que convierte a los colibríes en un grupo único es su plumaje. Debido a la variedad de sus ornamentos—crestas, gargantas y colas largas de varios colores y formas—, los colibríes forman un grupo que se presta a la formulación de preguntas sobre selección sexual y evolución de formas y caracteres. Quizás lo más interesante sea que la mayoría de los colores en sus plumas no son producidos exclusivamente por pigmentos como sucede en casi todas las aves, sino mediante la refracción de la luz que incide en ellas, lo que se conoce como iridiscencia. Sin embargo, a diferencia de otros pájaros con plumas iridiscentes como los quetzales, la iridiscencia de las plumas de los colibríes es producto de la modificación de la estructura de las plumas y del número y grosor de capas de aire y pigmentos (dos tipos de melaninas). Aunque la física de la producción de colores es bien entendida, la variación y los patrones de la distribución de colores entre las especies no se ha estudiado aún. Por ejemplo, no se sabe si el color magenta se produce de la misma manera en todas las especies que lo presentan y si el color se observa siempre en una misma región corporal.


         Las interacciones sexuales de los colibríes también son interesantes. Mucho se ha hablado de la promiscuidad de su sistema de apareamiento (un caso extremo de la poligamia), en donde las hembras se encargan de la construcción del nido, del cuidado de los huevos y las crías. Sin embargo, aún no existen suficientes datos de historia natural para asegurar que éste sea el patrón más extendido en el grupo. Otra generalización que se ha hecho acerca de los colibríes es que los plumajes vistosos son exclusivos de los machos, argumentando que esto incrementa la probabilidad de su diversificación morfológica y especiación. De hecho se han utilizado argumentos clásicos de selección sexual para explicar el porqué de la evolución del dimorfismo sexual en colibríes. Sin embargo, es posible refutar este convencionalismo, ya que sólo 54% de todas las especies presentan plumajes dimórficos. En la figura 4 se muestran los patrones generales. Por un lado, el dimorfismo sexual en donde sólo los machos poseen plumajes iridiscente su ornamentaciones sin iridiscencia; en seguida el monomorfismo sexual en donde machos y hembras comparten un plumaje iridiscente u opaco, y por último, un patrón ontogenético único documentado sólo para algunas especies, en donde las hembras pierden la iridiscencia al madurar sexualmente (polimorfismo). Se piensa que las hembras "pierden" la iridiscencia para reducir posibles agresiones entre sexos, es decir, que la función de estos plumajes no estaría ligada necesariamente a un contexto sexual, sino a otro tipo de interacciones agonísticas entre individuos y entre especies. La reciente documentación de estos polimorfismos abre nuevas posibilidades de interpretación y estudio sobre la función y evolución del plumaje iridiscente de los colibríes. Asimismo, para explicar la presencia de todos estos patrones de coloración es necesario recurrir a explicaciones múltiples.


¿Por qué hay tantas especies de colibríes?

           Poco se sabe acerca de los mecanismos que determinan el origen y el mantenimiento de la diversidad biológica, sobretodo en grupos ricos en especies. La diversificación biológica y la descripción de patrones de diversidad a distintas escalas son problemas fascinantes en la biología evolutiva, sin embargo, por lo general estos patrones de diversidad se definen en países con mega diversidad como el nuestro, por medio de inventarios que, si bien pueden ayudar a describir ciertas áreas geográficas ricas en especies y endemismos para luego poder proponer estrategias de conservación, poseen un valor predictivo limitado, ya que muchas de las hipótesis que formulan son poco realistas. Por ejemplo, ya que resulta casi imposible financiar la obtención de datos de cada uno de los puntos de interés y escalas, los valores de diversidad que se obtengan para ciertas localidades se tienen que extrapolara otras escalas mayores para entender los patrones geográficos de diversidad de otras áreas geográficas menos conocidas. Es por ello que la observación empírica a distintas escalas de grupos biológicos muy ricos en especies, punto medular de este ensayo, puede ser de gran ayuda para entender el origen y mantenimiento de la diversidad biológica.


          En el caso de los colibríes, se ha propuesto en la literatura que su diversificación está asociada a una gran capacidad de dispersión y de explotación de recursos nuevos. Un ejemplo de ello serían los grupos de colibríes que llevan acabo movimientos locales pronunciados, migraciones altitudinales y latitudinales de gran extensión geográfica, lo que, se ha dicho, potencialmente puede favorecer un incremento en las tasas de especiación en una región topográficamente compleja. También se ha sugerido que la diversificación de los colibríes está asociada a la variación de los caracteres sexuales secundarios entre machos. Se piensa que los colores brillantes y las plumas elaboradas, mismas que los machos presentan a las hembras en sesiones de cortejo, caracterizan a esta familia de pájaros, y pueden facilitar un aislamiento reproductivo. Sin embargo, no se ha demostrado que la aparición de plumas y colores iridiscentes en los colibríes haya sido la causa de una radiación adaptativa. Ciertamente, la estructura de las plumas de los colibríes es única, los colores iridiscentes en otros grupos de pájaros se producen de manera distinta y la estructura de las plumas no se modifica como en los primeros. No obstante, en mi trabajo de investigación he encontrado que la radiación adaptativa de los colibríes no se debe sólo a estos fenómenos, sino que ésta se puede explicar también por la forma en que usan los recursos florales.
           Es conocido que los caracteres novedosos que pueden ser seleccionados sexualmente son capaces de incrementar la probabilidad de diversificación morfológica y la especiación. Es por ello que la evolución del dimorfismo sexual de los colibríes se ha explicado sólo recurriendo a argumentos de selección sexual. Sin embargo, los patrones de dimorfismo sexual observados en los colibríes pueden ser el resultado de diversos procesos que operan en distintos taxa, así como a la existencia de diferencias interespecíficas en ecología, fisiología e historia evolutiva. Asimismo, la creencia convencional de que el dimorfismo sexual caracteriza a la familia no es totalmente cierta, ya que se ha observado que el monomorfismo y algunos polimorfismos son más comunes de lo que se pensaba. Se ha generalizado también la idea de que la coloración iridiscente caracteriza a toda la familia, pero aunque ésta se presenta en buena parte de las especies (74% de ellas), en sólo 73% de éstas los machos poseen plumajes iridiscentes. Asimismo, en 20% de todas las especies de colibríes, machos y hembras comparten un plumaje iridiscente, y en 18% de éstas un plumaje opaco.


                 Si se utiliza una aproximación heurística y filogenética, es posible evaluar algunas de las hipótesis propuestas para explicar ciertos patrones de variación en tamaño y plumaje observados en los colibríes, y luego identificar las posibles tendencias evolutivas en las diferencias sexuales. En mi trabajo de investigación encontré que el grado de dimorfismo sexual de los colibríes depende no sólo de algunos aspectos de su sistema de apareamiento (poligamia), sino de ciertos caracteres, como la iridiscencia de los plumajes y los asociados a la aerodinámica del vuelo, como la forma de la cola.

Con base en estudios detallados de la historia natural de algunas especies de colibríes, se ha generalizado la idea de que la poliginia (los machos se aparean con varias hembras en la misma temporada reproductiva) caracteriza a esta familia. En el caso de aproximadamente 40 especies, incluso se ha sugerido que los machos forman leks, que son agrupaciones en donde los machos se exhiben (mostrando sus plumajes vistosos, haciendo acrobacias y/o vocalizando) para atraer a las hembras. Los leks funcionan como cualquier otra estructura social, como si fuera un mariachi, con una compleja organización y establecimiento de relaciones entre miembros en donde los machos dominantes obtienen la mayoría de las cópulas. Sin embargo, no hay consenso sobre cuál es la verdadera función de estas agrupaciones de colibríes; incluso he propuesto que la función de dichos leks debería ser evaluada de nuevo para saber si esta estructura social no tiene una función alternativa (por ejemplo, un sistema social de comunicación para la detección de intrusos y la transferencia de información).


        Tradicionalmente, el dimorfismo sexual en aves (plumaje y tamaño) se ha correlacionado con los sistemas de apareamiento; esto debido a que se ha observado que los organismos con sistemas poligínicos presentan dimorfismo sexual. Entre los colibríes se esperaría que aquellas especies de plumaje monomórfico (muchas de las cuales forman leks o arenas) fueran de tamaño dimórfico debido a las fuertes presiones que su sistema de apareamiento impone. Sin embargo, no existe la asociación esperada aun cuando se considere la historia evolutiva del grupo. La conducta de formar agrupaciones (lekking) no implica la evolución de dimorfismo en tamaño más de lo que se esperaría al azar. Una interpretación alternativa es que ciertas diferencias morfológicas entre sexos evolucionaron como una consecuencia indirecta de la selección sexual (correlaciones genéticas).

La asociación que he encontrado entre la tendencia a formar agrupaciones y la coloración iridiscente es interesante, puesto que la brillantez del plumaje debería esperarse no sólo en los machos como resultado de la selección sexual, sino también como resultado de cambios entre las hembras si los caracteres están genéticamente correlacionados. Los resultados de este estudio y la asociación entre el dimorfismo sexual en tamaño y otros factores ambientales son un indicativo de que varios mecanismos están operando simultáneamente. Es necesario, en futuras investigaciones, buscar múltiples explicaciones para los patrones de tamaño corporal y plumajes observados en los colibríes.

Innovaciones evolutivas y radiaciones adaptativas

Se entiende por "radiación adaptativa" la diversificación evolutiva de líneas filogenéticas y la diversificación asociada a la manera en que los organismos usan los recursos y sus habitáis. Se trata de un término usado por lo general para describir la diversificación de especies con un antepasado común en nichos ecológicos diferentes. La radiación adaptativa explica la diversificación de ciertos taxa, ejemplos clásicos de esto son los pájaros drepanídidos de Hawai y los peces cíclidos de los lagos africanos. Más recientemente, varios investigadores han propuesto otros ejemplos, en donde los cambios morfológicos asociados a la ecología de los organismos han evolucionado varias veces bajo las mismas condiciones, incluyendo los pinzones de las islas Galápagos, los mosqueros del Nuevo Mundo, los pericos y tucanes del Amazonas y sus afluentes, las lagartijas del género Anolis de las islas del Caribe, los peces de tres espinas de los lagos postglaciales de Norteamérica, la fauna de gasterópodos del lago Tangañica y las arañas saltarinas del género Habronattos. Sin embargo, en todos estos casos hay aún muchas lagunas en la comprensión de la totalidad del proceso que lleva a la diversificación.


            La idea de radiación adaptativa como la diversificación evolutiva de una línea mediante una variedad de recursos es invocar la explicación de las historias de vida y caracteres de ciertos grupos, pero la aplicación del concepto no siempre está bien justificada. Para probar esta hipótesis (radiación adaptativa), es necesario averiguar si los cambios adaptativos en cuestión se repiten de manera independiente en varios grupos y si son seguidos por una diversificación acelerada. Es decir, debemos tener pruebas de la influencia de tal o cual característica en la diversificación y demostrar que distintas líneas evolutivas han invadido zonas adaptativas diferentes. Un caso bien documentado en la literatura es el de varios grupos de insectos y el hábito de la fitofagia. En cada grupo de insectos fitófagos, Mitter y sus colaboradores demostraron que el hábito de la fitofagia era seguido por una diversificación acelerada en distintos grupos de insectos; con lo que demostraron que las innovaciones evolutivas, en este caso la fitofagia, y los caracteres asociados a ésta, son capaces de disparar una radiación adaptativa.

El concepto de "innovaciones clave" como se aplica en la actualidad, combina al menos tres mecanismos ecológicos distintos por los cuales organismos con caracteres novedosos, evolutivamente hablando, permiten a los individuos explotar nuevos recursos y hábitats, y luego iniciar una radiación adaptativa. Y como no toda innovación evolutiva es una innovación clave, la adquisición de caracteres novedosos no es suficiente para que los organismos de un linaje puedan invadir zonas adaptativas nuevas y luego diversificarse.


Picos y néctar

           La diversidad morfológica y conductual de los colibríes, excepto los caracteres seleccionados sexualmente, se puede relacionar con las distintas maneras en que éstos explotan los recursos florales. La manera en que los colibríes usan sus recursos florales, y cómo se reparten las flores entre las especies en una determinada comunidad puede tener consecuencias evolutivas. Para entender los patrones macro evolutivos de diversidad de los colibríes es necesario apuntar que éstos obtienen diariamente sus requerimientos energéticos de diversas maneras. Aunque se ha reconocido que la mayoría de los colibríes obtienen el néctar floral revoloteando, también lo hacen de otras maneras menos costosas energéticamente. Por ejemplo, los colibríes se perchan o se cuelgan cuando las plantas ofrecen una percha bien definida hacia la cual las flores están orientadas (8% de las especies se especializan en usar esta técnica). Otros colibríes encuentran acceso al néctar floral al perforar la base de las corolas de tubo largo, al visitar flores perforadas por otros robadores, o en flores que son visitadas por una clase diferente de polinizadores (25% de todas las especies) sin tocar las estructuras reproductivas de las flores.

Los picos de los colibríes varían en tamaño, desde muy cortos a muy largos como mencioné anteriormente, pero también en forma; por ejemplo, hay especies que tienen picos curvados hacia arriba o hacia abajo. La forma (y tamaño) de los picos de los colibríes se ha interpretado como perfectamente diseñada para explotar el néctar de las flores con formas similares, pero se ha ignorado que la forma no es la única manera de predecir la interacción entre los colibríes y sus flores. He descrito cómo los picos de 28 géneros de colibríes tienen pequeñas sierras (y algunas veces ganchos) en la punta del pico (25% de todas las especies). Una hipótesis de trabajo es que estas estructuras anidan en el robo de néctar de corolas de tubo largo. El acceso a estos recursos es importante, ya que son las flores de tubos largos las que contienen grandes volúmenes de néctar y a las que colibríes con picos cortos generalmente no tienen acceso.


       Valiéndome para ello del método comparativo, he sugerido que la asociación entre los picos aserrados y el robo de néctar es real; las aserraciones han evolucionado muchas veces en circunstancias similares. Se podría argumentar que se trata de una innovación clave. La evolución de los picos aserrados de los colibríes produjo un cambio en la manera en que éstos usan los recursos florales. Sin embargo, para que una innovación clave se acepte como tal debe incluirse en la discusión una prueba comparativa y una argumentación bien apoyada para un posible mecanismo ecológico. Por un lado, la prueba comparativa debe contrastar clados que independientemente adquirieron las aserraciones con clados que carecen de éstas. Por el otro lado, el argumento ecológico o funcional, un grupo de hipótesis que unifica la innovación clave en cuestión con un incremento en las tasas de especiación y una disminución en las tasas de extinción, podría ser que las especies con bordes aserrados en el pico utilizan los recursos florales de manera distinta. Esta condición reduce la competencia por los recursos y confiere cierta resistencia a la extinción. Hasta aquí suena como una buena historia para ser contada, sin embargo, ¿qué evidencia existe que apoye la argumentación anteriormente descrita?

       El efecto de los colibríes ladrones de néctar en la interacción mutualista entre las plantas y sus polinizadores legítimos ha sido investigado como una cadena de interacciones interdependientes, es decir, sólo considerando la perspectiva de uno de los componentes del mutualismo. Esta manera de aproximarse al problema ha impedido conocer de manera concluyente el efecto de los ladrones de néctar sobre interacciones múltiples. Una aproximación alternativa es averiguar si al cambiar la densidad del ladrón de néctar la naturaleza de la interacción entre la planta y su polinizador legítimo se altera. El costo que el robo de néctar impone tanto en las plantas como en sus polinizadores legítimos es grande, pero los colibríes, que se comportan como "aprovechados", obtienen beneficios obvios.


            En teoría, la competencia interespecífica por los recursos florales puede favorecer la evolución de una divergencia, de manera que los colibríes obtengan el néctar de varios modos. Existe evidencia que apoya la idea de que las especies responden a la competencia interespecífica mediante el desplazamiento de caracteres, pero son pocos los casos en donde se ha demostrado. El efecto del robo de néctar en el polinizador legítimo es comúnmente reportado, pero no se ha cuantificado rigurosamente. Para demostrar si la divergencia en la morfología y el uso de recursos en especies nuevas es causada por la competencia por el alimento, se debe probar que la dirección de la evolución de una especie en su forma de obtener el alimento es afectada por la especie con la que compite.
En un análisis filogenético sugiero que varios clados de colibríes han adquirido las sierras de manera independiente. La adquisición de picos aserrados en el tiempo evolutivo puede estar ligado a la diversificación de los colibríes, esto si se comparan líneas de colibríes con picos aserrados con sus grupos hermanos que carecen de ellos. Sin embargo, ni la prueba comparativa sugerida ni la argumentación ecológica presentada son totalmente convincentes. La prueba filogenética establece una correlación entre los picos aserrados y la diversidad de los colibríes, pero la relación no es causal; la diversificación de los colibríes podría estar caracterizada por múltiples innovaciones; caracteres morfológicos o conductuales compartidos por el grupo. De no ser tan estrictos, sin embargo, el robo de néctar es al menos una manera innovadora de explotar los recursos florales y una posible ruta en la creación de diversidad. Este escenario supone que los colibríes con picos aserrados se han liberado de tener picos largos, del retoque representa especializarse en ciertas flores, (ya que puede haber una subsecuente extinción) de la manipulación de las plantas y de un ambiente muy competitivo compuesto por colibríes territorialistas de picos cortos. Esta morfopotencialidad, sugerida en particular en el caso de los cíclidos, permite a los organismos subdividir los recursos y especializarse al forrajear.

Los reduccionistas, quienes usan la morfología como único argumento, definen la mayoría de los colibríes como generalistas por la manera en que usan los recursos florales. Sin embargo, no deben hacerse generalizaciones ecológicas como éstas simplemente valiéndose de la morfología de los picos, ya que los individuos son marcadamente plásticos en su conducta de forrajeo, algunos incluso se pueden comportar como oportunistas, lo que significa que pueden cambiar sus estrategias de forrajeo de acuerdo con la fluctuación en la disponibilidad de los recursos en un ambiente que cambia constantemente. La conexión entre especialización ecológica y diversificación ha sido sugerida en la literatura, pero nunca probada. Bleiweiss propone que la especiación puede ser promovida por niveles intermedios de movilidad. El argumento básico utilizado por Bleiweiss para explicar la disparidad en el número de especies entre el grupo de los ermitaños especialistas, Phaethorninae, depauperado en número de especies (30 especies)y el más diverso compuesto sobre todo por generalistas, Trochilinae (310 especies), es la diferencia entre los grupos en movilidad y la especialización ecológica. La correlación se facilitaría, de acuerdo con Bleiweiss, si hubiera una extrema heterogeneidad ambiental y un atopografía compleja. Los clados que contengan especies generalistas tenderán a diversificarse al tomar ventaja de esa complejidad ambiental. Por otro lado, los clados, compuestos en su mayoría por individuos especializados, se diversificarán en ambientes homogéneos al existir una tendencia hacia la formación de poblaciones restringidas. Sin embargo, esta dicotomía no considera que una posible consecuencia en la proliferación de formas, particularmente cuando la especialización es ecológica, no es sólo la producción de nuevas especies que sean capaces de explotar nuevos recursos, sino también un incremento en la tasa de extinción; la posibilidad de que los especialistas tengan una tasa mayor de extinción hace que los argumentos presentados por Bleiweiss sean una interpretación débil de los patrones macroevolutivos de la diversidad de los colibríes.



Grupos de aves más ricos en número de especies de colibríes.

Familia
Núm. de géneros
Núm. de especies
Distribución
Emberizidae
134
560
Nuevo Mundo y Eurasia
Tyrannidae
111
376
Nuevo Mundo
Sylviidae
66
361
La mayoría en el Viejo Mundo
Trochilidae
116
341
Nuevo Mundo
Columbidae
42
303
Todo el mundo
Turdidae
38
275
Todo el Mundo
Psittacidae
64
268
Pantropical
Timaliidae
44
257
La mayoría en el Viejo Mundo
Formicariidae
52
240
Neotropical
Furnariidae
34
218
Neotropical
Accipitridae
64
217
Todo el mundo
Phasianidae
58
205
Todo el mundo
Picidae
27
204
Todo el mundo menos Australia
Meliphagidae
39
172
Asia y Australia
Muscicapidae
24
153
Asia y Europa
Anatidae
43
147
Todo el mundo
Rallidae
53
142
Todo el mundo
Strigidae
28
135
Todo el mundo
Monarchidae
19
132
Asia y Australia
Cuculidae
38
129
Todo el mundo
Estrildidae
28
127
Los trópicos del Viejo Mundo
Parulidae
28
126
Nuevo Mundo
Pycnonotidae
15
123
África y Asia
Fringillidae
20
122
Todo el mundo menos Australia
Nectariniidae
5
117
Los trópicos del Viejo Mundo
Sturnidae
26
111
La mayoría en el Viejo Mundo
Ploceidae
10
107
La mayoría en el Viejo Mundo
Corvidae
26
106
Todo el Mundo
Icteridae
23
95
Nuevo Mundo
Alcedinidae
14
91
Todo el mundo.

FUENTE: Ornelas, Juan Francisco. 1996. Origen y evolución de los colibríes. Ciencias, núm. 42, abril-junio, pp. 38-47.


SUSTO DE CABALLO.


           El caballo ante cualquier amenaza reacciona con la huida instintivamente, lo cual le provoca miedo, siendo éste un producto de un sistema neural que evolucionó para detectar el peligro. Hoy en día es algo que no ha sido capaz de modificar porque forma parte de la genética que es traspasada a los potrillos, sin embargo, dependiendo de la raza demuestran más o menos miedo ante distintas situaciones. La manera que tiene el caballo de detectar el miedo es mediante la vista, el olfato, el oído y el tacto.
        Los caballos pueden tener miedo ante infinidad de situaciones o causas. Cualquier situación que no controlen les provoca ese estado de inquietud que puede terminar en una huida descabellada, ya que no hay que olvidar que los equinos son desconfiados y asustadizos.
       Por poner un ejemplo, los caballos jóvenes incluso se pueden asustar de su propia sombra. Un ruido, una rama en el camino, el propio viento o un obstáculo que no controlan, del propio jinete si no lo conocen. Todo ello les deriva a un estado de nervios e inquietud. Se les nota que están tensos no hacen lo que se les pide, no reaccionan y se bloquean poniendo el cuello muy rígido hasta el punto de no poder flexionarlo. Y por supuesto no atenderán a nuestras órdenes.
Para quitarle estos miedos al caballo tenemos primeramente que saber qué tipo de miedo tiene para tratarlo. No obstante, hay unas pautas generales para seguir. La primera de ellas es ganarle su confianza. No forzarles a situaciones desconocidas y con paciencia y astucia, ya que los caballos son animales muy inteligentes, conseguir que confíen a base de buenas palabras y acciones tranquilizantes.
     La realidad es que ante situaciones de miedo somos nosotros lo que tenemos que tener la habilidad suficiente para quitarles la tensión que le produce el miedo.



FELICIDAD OTOÑAL


          La felicidad está formada por grandes momentos de alegría y pequeños instantes de ira, miedo, tristeza y asco. Porque alegría también necesita del resto para continuar su camino.
Las emociones, esas grandes desconocidas para nuestros hijos. Podemos ayudarles a comprenderlas. Siéntate con tu hijo, habla con él, expresa tú las tuyas e intenta explicarle qué siente. ¿Está enfadado? Sintió ira. ¿Por qué? Haz que se plantee todas estas preguntas y sobre todo, haz que entienda que ninguna de estas emociones es mala. Todas, absolutamente todas, son necesarias y de todas ellas se puede aprender.
       Los cuentos infantiles son un buen recurso para trabajar las emociones de los niños. Los cuentos despiertan diferentes emociones en los niños. Hemos seleccionado algunos cuentos que hablan de la tristeza, de la alegría, y otras emociones como el asco, la ira, la frustración y los miedos.



VISTAZO DE LLAMA.

          La llama (lama glama) es originaria del altiplano del Perú y Bolivia. Actualmente se puede ver a lo largo de los Andes de Ecuador, Argentina, Paraguay y Chile. Es el mayor de los camélidos sudamericanos. Una llama llega a pesar alrededor de 150 kg.
Hay dos tipos de llama, las de pelo corto ccara o q'ara que se singulariza por tener menor desarrollo de fibra en el cuerpo y ausencia de pelo en la cara.
      La otra es la peluda o pelo largo ch'aku que es una de las más buscadas por ser la menos ordinaria. También hay un tercer tipo que resulta del cruce con alpacas, vicuñas o guanacos. Que son conocidos con el nombre de huarizos.
    Actualmente podemos hallar a estos bellos camélidos en las zonas más altas del Perú. En departamentos como Puno, Apurímac, Cusco, Ayacucho, Huancavelica, Huancayo, en parte de Arequipa, Moquegua y Huánuco. También en otras provincias, pero en menor cantidad.
En Lima puedes encontrar llamas en los zoológicos de Huachipa y en el Parque de las Leyendas. Por otro lado, si vas al Centro histórico en el Palacio de Gobierno.
       Al pasar de los años, muchas naciones han llevado parte de la especie a otros continentes para su conservación y procreación. Una de ellas es América del Norte, la cual ha llevado miles de llamas y alpacas para su conservación y reservación en nuevos ámbitos naturales.



LUMBRE DE LUCI.....ERNAGA.

          Las luciérnagas son insectos muy conocidos, pero poca gente sabe que son en realidad escarabajos, miembros noctámbulos de la familia de los lampíridos. La mayoría de las luciérnagas tienen alas, lo que las distingue de otros insectos luminiscentes de la misma familia, conocidos comúnmente como gusanos de luz.
             Existen unas 2.000 especies de luciérnagas. Estos insectos viven en diversos entornos cálidos y en regiones más templadas, y son una presencia familiar en las noches de verano. A las luciérnagas les encanta la humedad y por ello se encuentran a menudo en regiones húmedas de Asia y del continente americano. En zonas más secas se pueden encontrar en las proximidades de áreas húmedas o pantanosas que retienen la humedad.
          Todo el mundo sabe por qué las luciérnagas se llaman así, pero pocos conocen cómo produce este insecto su brillo característico. Las luciérnagas tienen órganos lumínicos especiales situados bajo el abdomen. Cuando absorben oxígeno, éste se combina dentro de las células especiales con una sustancia llamada luciferina y reacciona produciendo luz sin apenas generar calor.
La luz de la luciérnaga es por lo general intermitente, y brilla de un modo específico en cada especie. Cada forma de brillar es una señal óptica que ayuda a las luciérnagas a encontrar posibles parejas. Los científicos no saben exactamente cómo regulan los insectos el proceso de encender y apagar su luz.
        La luz de la luciérnaga podría servir también como mecanismo de defensa, al emitir una señal clara de que el insecto no es un bocado apetitoso. El hecho de que incluso las larvas sean luminiscentes parece apoyar esta teoría.

         Las hembras depositan sus huevos en la tierra, y allí es donde las larvas se desarrollan hasta la fase adulta. Las larvas se alimentan bajo tierra de gusanos y babosas, a las que entumecen inyectándoles un fluido paralizante.
      Los adultos se abstienen de comer esta clase de presas y se alimentan habitualmente de néctar o polen, aunque algunos adultos no ingieren alimento alguno.
Fuente: National Geographic.



MANSEDUMBRE EQUINA.

            El caballo, como cualquier otro animal, goza de una individualidad que lo diferencia del resto, lo hace único dentro de sus congéneres. Uno de los elementos que caracterizan esta peculiaridad es su carácter. Conocer el carácter del caballo es importante tanto para los jinetes, como dueños o amantes de este hermoso animal.
       Creer que los animales no poseen los mismos rasgos que los seres humanos, es una idea errónea. Al menos en lo que a carácter y temperamento se refiere. Y es útil diferenciarlos y saberlos identificar a la hora de establecer una relación con la raza equina. Sobre todo, porque de estos rasgos dependerá la manera en la que se produzca el acercamiento.
        Características más habituales en el carácter del caballo. Cuando se habla de carácter, se hace referencia a aquello que identifica al animal. Ya sea en el box, o en las horas de trabajo en el caso que se dedique al deporte o al entrenamiento.
         Por lo general, el carácter del caballo tiende a ser manso. Con seguridad, los cuidados precisos y respeto, es posible abordarlo.
      El caballo se guía por instintos, y el más común de ellos es el de preservación. Ante la posibilidad de una amenaza, reacciona. Y por eso la importancia de generar una relación de confianza y conocer cómo responde ante las conductas humanas.
    Se trata de un animal social, que vive en manadas cuando se encuentra en estado natural y que manifiesta sus emociones. Tiende a ser dominante y establece una jerarquía de dominio, sin ser violento. La agresividad no forma parte de su naturaleza y prefiere huir antes que combatir. Sin embargo, si se siente en peligro, reacciona dando coces o incluso mordiendo.
    El mal carácter entre los caballos existe, aunque no es la situación más común. Este rasgo se demuestra fundamentalmente a partir de ciertas actitudes particulares. Como ejemplos, cuando agacha o mueve las orejas, cuando mueve las manos y boca para masticar, estira los labios y arruga las quijadas, o cuando enseña la grupa o los dientes. Lo importante, en todo caso, es el vínculo que se genere con el ser humano y el grado de conocimiento mutuo.
     El carácter del caballo se relaciona con aquello que caracteriza al animal durante la mayor parte del tiempo. Todo ello puede educarse. Se relaciona a su disponibilidad para aprender, a la voluntad para entrenar, o a la docilidad, entre otras.



EQUILIBRIO DE RANA.

       Las ranas, al igual que los sapos, son anfibios del grupo taxonómico de orden Anuro. Se caracterizan por carecer de cola y presentar unas patas traseras muy desarrolladas perfectamente adaptadas para el salto. Son el grupo más diverso de los anfibios, constando con más de 6.000 especies descritas.
        Su tamaño puede variar desde los 8,5 milímetros hasta más de 30 cm de la rana goliat (Conraua goliath), capaz de saltar 3 metros y pesar más de 3 kilogramos.
       Los términos rana y sapo son usados de forma indiscriminada al no ser un grupo oficial. Rana suele usarse para referirse a las especies más finas y de piel lisa, mientras que la palabra sapo es usada para las especies de mayores proporciones con piel seca y rugosa.
       Presentan boca ancha con lengua proyectable. Los ojos presentan párpados. Las patas anteriores presentan cuatro dedos y las traseras solamente tres. Entre los dedos presentan una membrana interdigital que favorece el nado. Su columna es corta y rígida, cosa que también favorece el salto.
    Su alimentación se basa en invertebrados, aunque algunas especies pueden comer pequeños vertebrados. Presentan una fase larvaria conocida como renacuajo. Durante esta fase son animales de vida acuática que respiran mediante branquias y tienen una morfología corporal muy distinta a la de los adultos. Carecen de patas y tienen una larga cola para nadar. Durante el desarrollo aparecen las patas y la cola acaba degenerándose.



SIMBIOSIS.

      La simbiosis – que deriva de una palabra griega que significa ‘vivir juntos’- es la relación ecológica entre organismos de especies diferentes que están en contacto directo. Si uno de los organismos simbióticos es mucho más grande que el otro, el más grande se denomina huésped y el más pequeño simbionte.
     Existen varios tipos de relaciones simbióticas en función del beneficio que saquen los organismos. En el mutualismo, los organismos que participan de la simbiosis se benefician, mientras que en el comensalismo uno de los ‘participantes’ en la relación se beneficia mientras que el otro no saca provecho, pero tampoco se ve perjudicado. Por último, en la relación de parasitismo un organismo vive a expensas de su huésped.
    Muchos de los organismos eucariotas – formados por células con núcleo – dependen de sus relaciones simbióticas con otros organismos. De hecho, las mismas mitocondrias, orgánulos esenciales de nuestras células, provienen de una simbiosis muy primitiva, según postula la teoría de la endosimbiosis popularizada por Lynn Margulis.
    Cuanto más sabemos sobre las relaciones simbióticas entre distintos organismos, más nos damos cuenta de que estas no son asociaciones aisladas, sino que forman parte del día a día de una buena parte de los organismos de la Tierra – incluido el ser humano- y que, en muchos casos, la vida tal y como la conocemos no sería posible sin la simbiosis.



MUNDO DE SIRENA.

         La sirena es un ser híbrido con cabeza de mujer y cuerpo de ave en el caso de las sirenas-pájaro. Pero también puede tener cuerpo de mujer que desde la cintura se metamorfosea en pez rematando en una aleta caudal. Estas sirenas pisciformes se caracterizan por su larga cabellera y torso desnudo donde, en algún caso, pueden asomar alas cuando se mezclan plásticamente los conceptos de sirena-pájaro y sirena-pez.
    En el románico un grupo de sirenas-pez se representan con cola bífida que sujetan con ambas manos.
   Pueden portar instrumentos musicales que aluden a su canto mortal entonado con su voz cautivadora, también pueden sujetar algún pez o gran caracola haciendo alusión al medio acuático en que viven. En algunos casos se las representa alimentando a sus crías. Y a partir del gótico su atributo más común fue el espejo y el peine dando lugar al tipo iconográfico de las sirenas coquetas, porque el peine actuaba como símbolo de la seducción femenina y el cabello era un medio de seducción. Son seductoras y ambiguas, porque no pueden satisfacer las pasiones que suscitan, ligando a su función erótica la funeraria. Se las consideraba aves de almas porque tenían la facultad de atraer a otras almas a la perdición produciendo una agonía ante la muerte y en el mundo helenístico eran tenidas por divinidades del más allá que cantaban a los muertos en la Isla de las Bienaventuranzas.
     La sirena-pájaro fue la tipología más frecuente desde la Antigüedad hasta la Alta Edad Media. Su apariencia podía responder a dos modelos: cabeza de mujer y cuerpo de ave, el tipo más difundido, que podía presentar una variante en la que la figura tenía un largo cuello, o cuerpo de mujer hasta la cintura y parte inferior volátil, menos difundidos pero con antecedentes en la plástica de la Antigüedad. En las fuentes literarias, aunque son ambiguas en las descripciones, se identifica a estos seres con esta tipología, incluso se les asignaba puestos fijos en las islas o rocas desde donde entonaban su canto seductor. La sirena-pez, con la parte inferior pisciforme y cola única tuvo como modelo las tritonisas, compañeras de los tritones en el thíasos marino. Su aspecto es más seductor que el de las sirenas-pájaro y es por ello por lo que éstas están asociadas a símbolos demoniacos, mientras las pisciformes se vinculan a la lujuria.

jueves, 16 de enero de 2020

CULTURA PERUANA.

CABALLITOS DE TOTORA - PERÚ

            Tradicionalmente, el origen del arte de surcar olas se les atribuye a los antiguos miembros de la realeza hawaiana, quienes corrían olas sobre tablas de madera construidas por ellos mismos con materiales oriundos de esa isla. Por eso se reconoce al arte de surcar olas como "el deporte de los reyes", y la mayor parte de su historia contemporánea, con frecuencia basada en los estudios hechos en el Bishop Museum de Hawái, acostumbran a ubicar su origen en las azules aguas de Oahu y sus islas aledañas. Sin embargo, desde hace algunas décadas, los avances en el campo de la arqueología precolombina han revolucionado la teoría tradicional del origen del arte de surcar olas. Gracias al estudio de las culturas de la costa del Perú, tan altamente desarrolladas, como llegaron a ser las antiguas civilizaciones egipcias, se han encontrado evidencias que demuestran que estos hombres aprendieron a correr olas hace miles de años. Tal es el caso del reciente descubrimiento de las ruinas de Caral, cuya antigüedad se remonta justamente a cinco mil años en el pasado.




        Existen dos culturas, la Mochica y Chimú, descubiertas gracias a la evidencia de enormes ruinas o complejos arqueológicos, a través de los cuales, los ojos del mundo se han vuelto para mirar con sorpresa a estas avanzadas civilizaciones. Los vestigios de estas culturas nos muestran una gran influencia marina, en un grado altamente superior al de cualquier otra civilización contemporánea. En su iconografía, como puede apreciarse en los restos hallados en la huaca Cao Viejo, en el complejo arqueológico El Brujo, abundan las representaciones de interminables secuencias de olas que, como indican los arqueólogos, representaban el movimiento, la fuerza y el poder del mar como fuente de vida (Cristóbal Campana: Historia de una Deidad Mochica; 1997).Cinco mil años en el pasado.
El desarrollo económico y social de las culturas Mochica y Chimú, estuvo ligado a la pesca: convirtieron el océano Pacífico en una de las más grandes pesquerías del mundo. Durante esa época, el pescado fue la principal fuente de proteínas en la dieta de los 100,000 habitantes de la ciudad de Chan Chan. Los habitantes Mochica y Chimú idearon sus propias formas para el arte, la organización social, y en la construcción de grandes ciudades y complejos piramidales. En toda la creación artística de los Mochicas, e incluso más, en la de los Chimú, aparecen dos símbolos fuertemente asociados con las divinidades: el arco iris y las olas.


       Cuando los antiguos pobladores de Chan Chan distinguían los colores del arco iris brillando entre las nubes encima de los Andes, sabían que faltaba poco tiempo para que las lluvias empezaran a llenar los elaborados canales de irrigación con que alimentaban sus cultivos, por lo cual, el arco iris era un símbolo de la fertilidad. Y las olas, en su magnífico arte, simbolizaban el poder: el eterno e incomparable poder que controlaba su universo. Como resultado, en los tejidos y obras de arte que representan deidades o situaciones sobrenaturales, aparece un borde de olas alrededor del diseño. La interpretación es que los antiguos yungas percibían, que el verdadero poder sobre sus vidas, estaba en manos de las olas.
Estas culturas Mochica y Chimú, enfrentaron el reto de vivir a orillas de una marea poderosa, expuesta a crecidas durante varios meses cada año. Basta con imaginar las infinitas series de olas de Chicama, para recordar que una de las mejores olas del mundo para el deporte de la tabla está ubicada al sur de las excavaciones de Lambayeque, donde una de las tumbas más fastuosas y ricas de América (la del Señor de Sipán) fue descubierta hace pocos años. Los primeros hombres que experimentaron el placer de surcar olas, fueron pescadores que tenían que enfrentarse a la fuerza de las mismas para conseguir su alimento. La valentía necesaria, dio lugar a un ritual de paso, similar a otros rituales de guerreros o de lucha en la historia.




     Un rito Mochica y Chimú consistía en que un hombre, sobre una balsa de totora, debía encontrar y llevar a la playa el huevo de un ave marina, para utilizarlo en la ceremonia en que sería nombrado “hombre-ave del mar” (Antonio Raimondi: Notas de Viaje; 1942). Esto nos recuerda a los motivos de hombre-ave y huevo encontrados en el arte religioso de la Isla de Pascua. A partir de aquí surgen las especulaciones que llevan a la hipótesis de que la fuente y verdadero origen de los ceremoniales de “hombre-ave”, celebrados con variantes a lo largo de las culturas polinesias y las sociedades hawaianas, está en el Perú preincaico. Asimismo, el acto de probar la virilidad mediante una hazaña de distancia y supervivencia, es un ritual que tiene representaciones similares en la cultura hawaiana. Incluso cuando se toma en cuenta que el arte de surcar olas empezó a practicarse dentro de las ceremonias religiosas.
En ningún otro lugar de América pueden encontrarse pruebas de un desarrollo social tan vinculado al mar como el que establecieron los pobladores de Chan Chan. Un mar poderoso que les enviaba oleajes durante la mayor parte del año. Las condiciones presentan una ecuación interesante: cien mil personas a quienes alimentar, entonces dadas las circunstancias, los pescadores de Chan Chan se ganaban la vida en el mar y utilizaban las largas rompientes para empujar sus balsas hacia la orilla, donde negociaban los frutos de su trabajo. Es por ello que las paredes de la ciudad de Chan Chan están cubiertas con diseños y frisos en altorrelieve que representan escenas de pesca, series de olas, aves marinas, redes, deidades del mar y espíritus. En el Corredor de los Peces y las Aves, se ven representados los grandes oleajes, junto con la corriente peruana o de Humboldt, llena de peces, a medida que su ubicación varía a lo largo del año.


Origen de las balsas de juncos
     Nuestra fuente principal en este asunto, es la exhaustiva y monumental Historia Marítima del Perú, editada por el Instituto de Estudios Histórico Marítimos del Perú. De la mano de historiadores de la talla de Hermann Buse De La Guerra y de José Antonio Del Busto Duthurburu, exploramos la prehistoria de la navegación peruana desde sus orígenes, confirmando con gran regocijo durante su lectura, que el tup jugó un papel trascendental en nuestra historia marítima.
Ahora bien, en cuanto a la antigüedad del caballito o tup, son muchos los investigadores que exponen diversas teorías. Así por ejemplo, tenemos el caso de Salvador Canals Frau, quien señala que: “la balsa… que se fabrica atando varios haces de juncos o de tallos de totora es paleolítica”, lo cual situaría la aparición del tup a la era de la edad de piedra (Salvador Canals Frau: Las Civilizaciones Prehispánicas en América; 1955). Por otro lado, Hermann Buse afirma: “en el mundo, la balsa de totora -mejor; la balsa de haces- es antiquísima. Aparece ya en los albores de la civilización y, fuera de duda, está en los comienzos mismos de la navegación. Es probable que sólo fuera antecedida por el simple tronco desbastado del que se valió la primera criatura audaz para entrar en las aguas profundas de un río o de un lago para llevar algo o recoger algo en la otra orilla". Estas afirmaciones, claro está, se refieren a las balsas de juncos de cuya existencia se han hallado testimonios en diversos lugares alrededor del globo, como en los lagos mexicanos de Chapala y Tlaxcala, en el valle del Nilo, en Asiria y en las orillas de los ríos mesopotámicos. Asimismo, la balsa de juncos fue común a infinidad de pueblos de Asia, Australia, Tasmania e islas de Oceanía, sin excluir de este conjunto a la Isla de Pascua, donde los nativos usaban unos atados de paja que, técnica y formalmente, en nada se diferenciaban de los caballitos de totora que vemos aún hoy en la playa de Huanchaco.




Antigüedad de la balsilla de totora.

    La antigüedad y la difusión exacta del caballito de totora o tup, es aún un tema no resuelto por los científicos. Revisando las investigaciones del historiador peruano Hermann Buse De La Guerra, observamos que el problema de la antigüedad de las balsas de totora en el Perú fue en gran parte aclarado. Dice Buse: "reconocido su apogeo, por el testimonio incontestable de la cerámica, en la edad Mochica -primeros siglos de la era cristiana-, inquietaba vivamente a los arqueólogos saber cuándo, en realidad, empezaba su uso, si con los Mochicas o antes de ellos, y si esto último, en qué siglo o milenio de la lejanía prehistórica” (Hermann Buse De La Guerra: Perú 10,000 años; 1962).
Los fundamentales trabajos de Bird en Huaca Prieta, en los años 1946 y 1947 que dieron por resultado el descubrimiento de la era precerámica, arrojaron clara luz sobre el problema y permitieron desde ese momento creer que: “el hombre de hace cuatro mil años conocía y usaba la balsa para pescar no lejos de la playa”. Así, abundantes evidencias arqueológicas atestiguan su utilización en tiempos muy lejanos, y el hallazgo de redes y flotadores en la citada Huaca Prieta, del valle de Chicama, en un estrato probadamente precerámico, de cuatro mil años, indica que los hombres de entonces: “practicaban un tipo de pesca en el mar que requería del auxilio de una embarcación”. Esa embarcación no podía ser otra que la balsa de haces de totora. Su ubicación está arqueológicamente probada (por el método del radiocarbono, en el estado actual de nuestros conocimientos) en las finales del tercer milenio antes de Cristo, en la Costa Norte, departamento de La Libertad.
Todas estas afirmaciones necesitan, sin embargo, el sustento arqueológico para poder determinar la antigüedad exacta del tup. Lo cual nos lleva a los descubrimientos de Rafael Larco Hoyle según los cuales: "la más antigua representación del uso del caballito de totora en la cerámica, con valor de documento irrefutable, la proporciona la cerámica Virú, de la época llamada Evolutiva y que corresponde al Formativo de otros esquemas". Dice Larco textualmente: "el caballito de totora... se encuentra en la cerámica Virú, lo que demuestra que entonces lo emplearon ya" (Rafael Larco Hoyle: Archaeologia Mundi. Perú; Génova, 1966). Si tomamos en cuenta que la cultura Virú se desarrolló, estrechamente vinculada al mar, en el primer milenio antes de Cristo, y sus representaciones en terracota del tup corresponden a los años 800-600 antes de nuestra era, podemos concluir como Buse que: "del caballito de totora, como el que aún emplean para sus faenas los pescadores de Huanchaco y en las playas de Lambayeque, poseemos representaciones alfareras de extraordinario valor que ubican su existencia hace, aproximadamente, tres mil años".



    Llegados a este punto, los testimonios publicados en el libro, Perú 10,000 años, de Hermann Buse De La Guerra, son abundantes. Cercana a esta sorprendente cronología es la que insinúa Bird: "vasos Gallinazo, de hace 2,200 años, muestran también caballitos iguales a los que siguen en uso en la Costa Norte, el testimonio alfarero indica, igualmente, que éstas embarcaciones de pesca eran tripuladas indistintamente por uno o dos hombres" (Junius Bird: Art and Life in Old Perú; 1962). Y Kosok: "los diseños de los huacos de la época temprana de la cultura Mochica muestran embarcaciones similares a los caballitos de totora actuales, lo cual da la pauta para señalar la antigüedad de su origen..." (Paul Kosok: Life, Land and Water in Ancient Perú; 1965).
Hermann Buse también afirma que: "el caballito en nuestros días es indispensable cuando hay braveza, y todavía se le usa, aunque poco a poco es desplazado por los botes de diseño moderno, en algunas tareas cercanas a las playas, como la colocación del chinchorro y la revisión de las trampas para el cangrejo y la langosta. Con sus tres mil años de historia (o cuatro mil a base de indicios existentes) y siendo un directo descendiente de las primitivas embarcaciones precerámicas de totora es, de todos los elementos de la cultura aborigen aún vigentes, uno de los más antiguos y, por consiguiente, de más rancia y conservadora prosapia, un caso único de aferramiento a la tradición” (Hermann Buse De La Guerra: Historia Marítima del Perú, Tomo II, Vol 2; 1977).
Las investigaciones del arqueólogo peruano Gabriel Prieto Burmester, quien estudia una antigua aldea de pescadores en el sitio arqueológico Pampas de Gramalote desde el año 2010, que esta ubicado en el distrito de Huanchaco, le permitieron hallar la evidencia más antigua. Se desenterró allí una miniatura de un caballito de totora que sirvió para hacer una ofrenda. Esos estudios modernos nos confirman que el tup se utilizó en el Antiguo Perú desde hace 3,500 años. “Aunque se presume que el caballito de totora tiene un uso de 4,000 ó 5,000 años, hoy al menos sabemos científicamente que hace 3,500 años existió” comentó el arqueólogo Dan Sandweiss de la Universidad de Maine, Estados Unidos, al enterarse del hallazgo (El Comercio; 3 de agosto del 2014).



        Pero si estas investigaciones aún fueran poco para los indiferentes. Los nuevos hallazgos en la capital de la civilización más antigua de América, Caral (3,000 A.C.) y también en Áspero, Bandurria, Vichama y otros sitios arqueológicos actualmente en estudio, nos confirman que los pescadores de esa antigua civilización con 5,000 años de antigüedad, también empleaban los juncos de totora para confeccionar sus casas y sus embarcaciones, siendo la pesca una actividad económica primordial para esos pobladores yungas, para realizar trueque con las comunidades de la sierra y selva. Tomando en cuenta entonces las antiguas y las recientes investigaciones de las diversas culturas de la costa peruana, nos atrevemos a proponer en este ensayo, que el caballito de totora o tup, se ha utilizado en la costa del Antiguo Perú desde hace cinco mil años (y quizás es más antiguo). Por lo tanto, el arte de surcar olas conserva esa misma antigüedad.

El Festival del Mar en Huanchaco.

        El Festival del Mar, organizado en Huanchaco, un antiguo puerto pesquero con unos diez mil pobladores a unos 560 kilómetros al norte de Lima, fue un evento único y crucial en la historia del deporte de la tabla peruano. Fue la oportunidad que empezó a difundir en todo el planeta nuestra milenaria tradición de surcar las olas. Huanchaco es el más grande de los antiguos pueblos costeños del norte, en donde aún se puede observar a los milenarios pescadores yungas introduciéndose en el mar a bordo de los caballitos de totora. Ellos siguen sobreviviendo con las mismas técnicas de pesca y de construcción de balsas heredadas de sus antepasados, en las mismas aguas que alguna vez abastecieron de alimento a los cien mil habitantes de la antigua urbe de Chan Chan.
En 1987 Felipe Pomar era el presidente de la Federación Peruana de Tabla y viaja a Huanchaco, para conocer la zona y observar los caballitos de totora. Al presenciar a los pescadores en el mar quedó sorprendido, los caballitos habían sido diseñados para atravesar la rompiente y luego salir a la orilla corriendo olas. En ese viaje conoció al tablista trujillano Bernardo Alva, quien le informó de los avances, con relleno de material de construcción y tierra, con el fin de hacer un desarrollo urbano invadiendo las pozas donde se cultiva la totora, para desaparecer ese conjunto de valiosos totorales que utiliza la comunidad de pescadores y que están ubicados muy cercanos a la costa.
Luego de algunas conversaciones, decidieron juntos hacer un festival deportivo y cultural para dar a conocer el peligro que significaba para el balneario de Huanchaco la pérdida de la fuente de la materia prima que sirve para la construcción del tup. Bernardo se encargó de la organización del evento, Felipe de la promoción y la convocatoria de destacados tablistas extranjeros y peruanos para que respalden el proyecto. En ese mismo año, Felipe Pomar viaja a California y visita la oficina de la revista Surfer llevando en sus manos una réplica pequeña de un caballito de totora. Les explica a sus editores la importancia de publicar un reportaje sobre Huanchaco y su tradición milenaria. Hábilmente logró convencerlos. El artículo se publicó en la edición de abril de 1988, anunciándose al mundo internacional del surfing, los valiosos objetivos del Festival del Mar.

Huanchaco-Perú
        El primer Festival del Mar se realizó exitosamente en mayo de 1988. Hubo una segunda edición en 1990 y una tercera en 1992. Tuvo una lista impresionante de personalidades que fueron invitados; desde científicos notables como Thor Heyerdahl y Walter Alva, ambientalistas como Glenn Henning, hasta tablistas famosos como Mark Foo, Bobby Owens, Todd Holland, Richard Schmidt y Ronnie Burns. Posteriormente Bernardo con el mismo fin de preservar la valiosa plantación de totora, organizó el evento Pescadores de Olas en Huanchaco el 2007, 2008 y 2009. El escritor Matt Warshaw fue invitado por Felipe Pomar para que conozca Huanchaco y asistió al evento del año 2007. Matt publicó la milenaria tradición de surcar las olas que existe en Huanchaco en su libro The History of Surfing, publicado en el año 2010.
Es relevante agregar que en 1977, en el anuario Tabla Perú que publicó la Comisión Nacional de Tabla (CONTA), Fortunato Quesada Lagarrigue escribe un artículo en donde expuso que uno de los objetivos de dicha comisión era reconquistar el nivel internacional que tuvo la tabla peruana en los años sesenta: “por tener un campeón mundial y por ser una actividad oriunda del Perú”. El presidente de la CONTA era Luis Anavitarte Condemarín, quien en 1978 organiza el campeonato universitario de tabla, cuyo afiche, por idea de su secretario Fortunato, fue ilustrado con un caballito de totora.
Veinte años después, en el año 1998 el Perú expone en la asamblea anual de la International Surfing Association (ISA) que el caballito de totora o tup, es el elemento de surcar olas más antiguo de la historia universal. El ensayo fue preparado por Adolfo Valderrama Bielich y fue expuesto en Portugal, en el mes de noviembre, por Ricardo Kaufman Torres. Diez años después, gracias a la gestión realizada por Felipe Pomar Rospigliosi y Javier Fernández Urbina, el Director de Intereses Marítimos e Información de la Marina de Guerra del Perú, Contralmirante Reynaldo Pizarro Antram, envía el 25 de abril de 2008 una carta al Instituto Nacional de Cultura (INC) solicitándole que se efectúen campañas de difusión internacional para divulgar la contribución del poblador prehispánico andino a la navegación mundial.

En Huanchaco también se practica el surf.

           Invitamos a nuestras autoridades culturales para que participen y apoyen esta tarea emprendida por tablistas y pescadores. Se debe evidenciar que la milenaria costumbre de surcar las olas es un patrimonio cultural del Perú. Dichosamente, ya se dio un primer paso. Por resolución directoral nacional N° 648 del Instituto Nacional de Cultura del 27 de agosto de 2003 se declaró Patrimonio Cultural de la Nación al caballito de totora. Embarcación considerada como expresión de las manifestaciones tradicionales de la cultura viva, que caracteriza a las comunidades asentadas en el litoral del norte peruano, y que contribuye a la identidad regional y nacional.

Cinco mil años surcando olas.

        Hemos visto que las modernas evidencias arqueológicas sitúan con precisión en la historia, la existencia del caballito de totora o tup en el periodo de los 3,500 años de antigüedad. También hemos explicado que existen los vestigios que nos hacen pensar que es más antiguo aún. No queremos exagerar en este libro la antigüedad del tup, pero tampoco podemos dejar de señalar que hace tres mil años, un alfarero Virú tomó como modelo a un caballito de totora para inmortalizarlo mediante su arte en un ceramio. Por ello, no es del todo descabellado pensar que su existencia fuese anterior a la representación gráfica del mismo.
La balsa de totora o tup (dicho en lengua Mochica) se constituyó como la más importante herramienta pesquera de los antiguos pobladores yungas. Las sesiones que esos valientes y habilidosos pescadores debían efectuar para familiarizarse con el mar, las olas, y el uso del caballito, son tan antiguas como el caballito mismo. Por ello nuestra conclusión es luminosa como el agua de nuestro mar durante el amanecer. Es lo que nos revela nuestra tradición milenaria que hoy sigue viva en nuestra alma tablista: hace 5,000 mil años el caballito de totora o tup era un elemento primordial en la vida de los antiguos pescadores yungas, por lo tanto, correr olas era también una actividad inseparable en su faena diaria.

Fuente: 5000 Años Surcando Olas: La Historia de la tabla en el Perú.

¡ Visite Huanchaco y observe su riqueza cultural!

domingo, 12 de enero de 2020

NATIVOS AMERICANOS (MÉXICO): CELEBRACIÓN DE LA MUERTE.

Día de Muertos en México.

                
                   Las festividades indígenas en torno a los muertos se llevan a cabo en 41 grupos étnicos de México, entre los cuales se encuentran los amuzgos,atzincas, coras, cuicatecos, chatinos, chichimecas-jonaz, chinantecos, chocho-popolocas, choles, chontales de Oaxaca y Tabasco, huastecos o teneek, huaves, huicholes, ixcatecos, ixiles, jacaltecos, matlatzincas, mayas, lacandones, mayos, mazahuas, mazatecos, mixes, mixtecos, motozintlecos, nahuas, pames, popolucas, purépechas, tepehuas, tepehuanos, tlapanecos, tojolabales, totonacas, triques, tzeltales, tzotziles, yaquis, zapotecos y zoques.
               Generalmente las celebraciones indígenas en torno a los muertos se llevan a cabo los últimos días del mes de octubre (del 25 al 30) y los primeros de noviembre (del 1 al 3). Sin embargo, existen poblaciones indígenas en las que dichas festividades llegan a extenderse a lo largo de todo el mes de noviembre, como en el caso de los chontales de Tabasco, o se constriñen a periodos muy reducidos de dos días al inicio del penúltimo mes del año. 



            Generalmente las celebraciones indígenas en torno a los muertos se llevan a cabo los últimos días del mes de octubre (del 25 al 30) y los primeros de noviembre (del 1 al 3). Sin embargo, existen poblaciones indígenas en las que dichas festividades llegan a extenderse a lo largo de todo el mes de noviembre, como en el caso de los chontales de Tabasco, o se constriñen a periodos muy reducidos de dos días al inicio del penúltimo mes del año.La fiesta del Día de Muertos es uno de los múltiples efectos del encuentro de dos mundos. En México, sin embargo, ha sido también la causa y el origen de una enorme variedad de expresiones culturales que giran en torno a esta celebración anual. Los estudios históricos y antropológicos han permitido constatar que las celebraciones dedicadas a los muertos no sólo comparten una antigua práctica ceremonial donde conviven la tradición católica y la tradición precolombina, sino también una diversidad de manifestaciones que se sustentan en la pluralidad étnica y cultural del país. Las representaciones en torno a los muertos han dado lugar a una arquitectura simbólica y ritual que se expresa en una infinidad de obras plásticas, objetos artesanales y muestras del arte efímero que se producen en las distintas regiones indígenas. La riqueza cultural de estas celebraciones reposa también en las creaciones artísticas que músicos, pintores y poetas mexicanos han generado en los últimos siglos, aportando al mundo una obra de singular valía como la que se encuentra contenida en la producción gráfica de José Guadalupe Posada, en la literatura académica de Octavio Paz y en la poesía de José Gorostiza. El repertorio es extenso e innumerable, pero en conjunto muestra hasta qué punto la fiesta del Día de Muertos ha sido una referencia constante en campos tan heterogéneos como la lírica y la danza, la artesanía y la narrativa popular.



                   El conjunto de prácticas y tradiciones que prevalecen en torno a las celebraciones dedicadas a los muertos, tanto en las ciudades como en un gran número de poblaciones rurales, hoy constituye una de las costumbres más vigorosas y dinámicas de México. No obstante, si bien la celebración es parte de una cultura nacional que se extiende hacia ambas fronteras.del país y se reproduce entre la población mexicana que hoy reside en los Estados Unidos, su origen y su desarrollo están invariablemente ligados a las concepciones indígenas que le dieron cabida y promovieron su difusión a lo largo del territorio mexicano. Es en el ámbito del “México profundo”, como lo llamó Guillermo Bonfil, que la fiesta del Día de Muertos encuentra su expresión más definida y revela con mayor claridad los principios básicos de un patrimonio cultural intangible. En la imaginación colectiva, las celebraciones anuales en torno a los muertos representan un momento privilegiado del encuentro de los indígenas con sus antepasados, pero también de los hombres entre sí. Ya sea en vecindarios urbanos o en las pequeñas localidades del país, durante los últimos días de octubre y los primeros de noviembre tienen lugar diversos encuentros ceremoniales entre grupos, familias y comunidades enteras que se relacionan a través de un culto compartido. 




                   En las comunidades indígenas de México, la fiesta del Día de Muertos es a su vez una zona de tránsito entre una época de profunda escasez y un periodo de relativa abundancia. En las regiones de Guerrero, Oaxaca o Chiapas, las comunidades pasan durante este tiempo del crecimiento a la cosecha del maíz, el cereal que desde la época prehispánica ha constituido su principal fuente de alimento. De ahí que la fiesta de los muertos sea también un festival de la cosecha dedicado a compartir con los ancestros el beneficio de los primeros frutos. Los principios de reciprocidad que rigen entre los hombres y sus ancestros convierten a las ofrendas del Día de Muertos en una retribución simbólica, ya que el ciclo agrícola del maíz sería inconcebible sin la intervención de los antepasados. Unido a una concepción cíclica de la vida y la muerte, el pensamiento indígena se organiza como una visión sumamente elaborada del cosmos que encuentra en la fiesta de los muertos el espacio más propicio para expresarse.




                   Para pueblos que provienen de una matriz cultural muy antigua, la fiesta de Todos Santos y Fieles Difuntos que se conmemora en gran parte del mundo occidental, ha terminado por concebirse como un patrimonio propio. Sus manifestaciones actuales, que afectan a la identidad mexicana en su conjunto, son también un ejemplo de esa diversidad cultural que ha sostenido el éxito de las civilizaciones. Al proponerla como una digna representante del patrimonio intangible de la humanidad, confiamos a su vez en otorgar un reconocimiento a los pueblos indígenas que la hicieron posible.(Fuente: CONACULTA).
    ¡Visite al mero México con su cálida gente costumbrista!