LOS GESTOS EN LA COMUNICACIÓN NO VERBAL
A la hora de relacionarlos con las personas,
empleamos la comunicación verbal y no verbal, y usamos una gran cantidad de
gestos para aportar valor a lo que estamos diciendo de forma oral. También
empleamos los gestos para modular las interacciones, regulando nuestra
participación y la de los otros interlocutores. Los diferentes tipos de gestos
tendrán una función u otra, como veremos más adelante.
Un gesto es un movimiento corporal propio de
las articulaciones. Existen diferentes tipos de gestos, aunque principalmente
se realizan con las manos, brazos y cabeza.
Un gesto no es lo mismo que una gesticulación;
la gesticulación implica un movimiento anárquico, artificioso e inexpresivo,
mientras que el gesto suele ser expresivo, y querrá aportar algo al mensaje
verbal (o modularlo).
Los gestos se incluyen dentro de las
expresiones motoras, y éstas a su vez forman parte de la conducta no verbal de
la una persona.
Además de los gestos, las expresiones motoras
están formadas por expresiones faciales y conductas posturales.
Tipos de gestos
Podemos hablar de los tipos de gestos que
veremos a continuación.
1. Gestos emblemáticos o emblemas
Los emblemas son señales emitidas de forma
intencional, con un significado específico y muy claro. En este caso el gesto
representa una palabra o conjunto de palabras bien conocidas.
Se trataría pues de gestos que se pueden
traducir directamente en palabras, por ejemplo: agitar la mano en señal de
despedida, o decir “no” con la cabeza.
2. Gestos ilustrativos o ilustradores
Son producidos durante la comunicación verbal,
y sirven para ilustrar lo que se está diciendo oralmente. Se trata de gestos
conscientes, que varían mucho según la cultura. Se unen al lenguaje, pero se
diferencian de los emblemas en que no tienen un significado que se pueda
traducir directamente, ya que la palabra a la que van unidos no les da su
significado.
Es decir, el gesto “sirve” a la palabra, no la
significa. ¿Cómo la sirve? Recalcándola, enfatizándola o imponiéndole un ritmo
que por sí sola la palabra no tendría.
Un ejemplo de gesto ilustrativo es cualquier
movimiento del cuerpo que desempeñe un papel auxiliar en la comunicación no
verbal, por ejemplo, mover las manos de arriba abajo como “aleteando”, para
indiciar “mucho” o “muy lejano”.

3. Gestos que expresan estados emotivos o
patógrafos
Siguiendo con los tipos de gestos, los
patógrafos son gestos que expresan estados emotivos, y desempeñan una función
similar a los gestos ilustrativos, pero no debemos confundirlos. En este caso,
se parecen en que al igual que ellos, también acompañan a la palabra, y le
otorgan un mayor dinamismo. Sin embargo, se diferencian en que los patógrafos,
como hemos visto, reflejan el estado emotivo del emisor, mientras que el
ilustrador es emocionalmente neutro.
Así, el gesto ilustrativo consiste en una
forma de expresión más cultural, mientras que el patógrafo surge del estado
emocional del momento.
A través de los patógrafos se puede expresar
la ansiedad o tensión del momento, triunfo y alegría, malestar, felicidad,
dolor, etc.
4. Gestos reguladores de la interacción
Se trata de movimientos que produce tanto el
emisor como el receptor en una interacción comunicativa, y que tienen el
objetivo de regular las intervenciones en la interacción. Se trata de signos
para ir tomando el relevo en la conversación. Tienen, además, un papel esencial
durante el inicio o el final de la misma (por ejemplo darse la mano en el
saludo o la despedida).
Se pueden emplear para acelerar o frenar al
interlocutor (por ejemplo haciendo círculos con el dedo índice y la muñeca para
acelerarlo, o con la palma de la mano abierta dar toques en el aire para
frenarlo). También pueden indicar al interlocutor que puede seguir hablando, o
darle a entender que le cedemos el turno de palabra.
En psicoterapia, los gestos reguladores
cumplen una función esencial en relación a la escucha activa del paciente.
Dicha escucha implica la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está
expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos
que subyacen a lo que se está diciendo.
Los gestos reguladores más frecuentes son las
indicaciones de cabeza (como asentimientos) y la mirada fija. Las inclinaciones
rápidas de cabeza implican el mensaje de apresurarse y acabar de hablar,
mientras que las lentas piden al interlocutor que continúe e indican al oyente
que le parece interesante y le gusta lo que se está diciendo.
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clave para comunicarse con los demás"
5. Gestos de adaptación o adaptadores
Finalmente, los últimos tipos de gestos que
vamos a definir son los adaptadores, gestos que se utilizan para gestionar o
manejar emociones que no queremos expresar.
Los adaptadores se emplean cuando nuestro
estado de ánimo es incompatible con la situación de interacción concreta que se
está produciendo, de forma que no queremos expresar nuestras emociones
directamente, ni con la intensidad que realmente sentimos.
Estas situaciones pueden producir incomodidad
en la interacción y/o en el propio emisor, por lo tanto éste intenta controlar
dicha incomodidad, y lo hace empleando el gesto como una forma de adaptarse a
la situación.
Por ejemplo, un adaptador sería pasarse los
dedos por el cuello de la camisa al sentirnos ahogados por la tensión de la
situación, o tocarnos el pelo cuando estamos nerviosos.
Se trata pues de gestos empleados como una
“vía de escape” a lo que se está diciendo o produciendo en la interacción y/o
en nuestro estado afectivo y emocional.
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LOS MARAVILLOSOS COLORES DEL OTOÑO.
La gama multicolor que el otoño extiende sobre el paisaje, es sólo la
manifestación de una serie de complicados procedimientos químico-fisiológicos,
que de forma invisible se desarrollan en las hojas y en los bosques.
El otoño es por excelencia el tiempo de los
bosques caducifolios. Es el momento del año en el que se visten con sus mejores
galas. En el que despliegan la infinita gama de colores que van del ocre al
amarillo como si celebrasen una breve fiesta de despedida. O una traca de
fuegos artificiales que compensara la vergüenza de la desnudez con la que
pasarán los meses más fríos del año. Por eso pasear por los bosques en esta
estación, y por los hayedos muy especialmente, es una experiencia que puede
llegar a hacer perder el sentido. Incluido el de la orientación.
La gama multicolor que el otoño extiende sobre
el paisaje, es sólo la manifestación de una serie de complicados procedimientos
químico-fisiológicos, que de forma invisible se desarrollan en las hojas y en
los bosques. Las cantidades de hojas secas que caen en otoño se valoran sin
duda erróneamente en muchas ocasiones. Las hojas caídas cubren, por ejemplo,
una hectárea de un bosque de hayas con una masa seca de unos 3.300 kg y, la
misma superficie con abetos y pinos, con alrededor de 3.000 kg.
Esto, sin embargo, ya no extraña cuando uno se
entera de que un solo abedul tiene 200.000 hojas. El peso de este follaje seco
alcanza unos 214 kg. La caída de las hojas, especialmente llamativa en otoño,
no es la única: esta caída se completa con una caída de las hojas en verano.
Este procedimiento se puede definir como una especie de caída de emergencia,
con la cual los árboles, especialmente en los meses de sequía, se despojan de
aquellas hojas que ya no les son de utilidad.
Esto rige, sobre todo, para el follaje de
interior de las copas. Aquí llega la mínima cantidad de luz y las hojas sólo
pueden asimilar de un modo incompleto la formación de materia.
La gama del arco iris
El verde es el color más abundante que hay en
la naturaleza: todas las diversas tonalidades en hojas y en frutos provienen de
una sustancia llamada clorofila, que normalmente se forma mediante la luz del
sol. Es por ello que las plantas la necesitan para elaborarla. Todos los
procesos de descomposición juntos conducen finalmente al juego multicolor del
otoño. Al desintegrarse la clorofila sólo quedan las materias colorantes de
color amarillo, dando así paso a las hojas de ese color.
Dentro de esta gama pueden observarse el tono
amarillo-rojizo, producido por la carotina, o el amarillo-anaranjado, causado
por la xantofila o jantina, sustancias éstas que previamente ya estaban
presentes en las hojas. Si ésta tiene aún brillo rojizo es porque todavía
conserva restos de azúcar que, con las denominadas flavonas -materias que
absorben la luz, especialmente la ultravioleta- se sintetizan formando la
materia colorante roja antocianina.
Este pigmento, además de producir el color
intenso de las amapolas, el arándolo y otras floras, también es el causante de
los azules y los violetas. Este componente se encuentra igualmente en la savia
de las plantas; si la antocianina es ácida, el color que produce es el rojo,
mientras que, si es alcalina, genera el azul o el morado. El roble y el arce
tienen sus hojas rojas en otoño, porque la antocianina es de tonos rojos o
violetas.
Las tonalidades amarillas y rojizas en la hoja
indican que ésta está aún viva, mientras que cuando se alcanza el marrón,
significa que ya está muerta. Esto sucede porque en sus células ha entrado sin
obstáculo oxígeno del aire, provocando con ello un proceso de oxidación. Todo
el conjunto de este fascinante proceso natural de descomposición es lo que
finalmente conlleva la paleta de colores que nos brinda la madre naturaleza en
las especies de árboles caducifolios durante el mágico otoño
La caída de las hojas se prepara ya por lo
general en las postrimerías del verano: en la base de la hoja de forma una capa
de separación de corcho. Esta no impide el transporte de la materia, dado que
los elementos principales circulan a través de la capa de corcho. Después, en
otoño, se forma a lo largo de la cara exterior de esta capa otra capa en la que
tiene lugar el desprendimiento de la hoja.

UN BOSQUE DE VIDA
El haya es, sin duda -conjuntamente con el
roble y el castaño-, las especies arbóreas más espectacular durante los meses
otoñales, porque sus hojas proporcionan, entre octubre y diciembre, toda la
variedad de tonos que la pupila del ojo humano puede analizar de golpe al
contemplar la maravilla de este proceso.
La geografía de Euskadi se beneficia de la
situación geográfica que tiene, a remolque entre las regiones Mediterránea y
Atlántica. Por ello, son unos cuantos los bosques que salpican nuestro
territorio, en donde las hayas se alzan como los reyes indiscutibles de un
paraíso de vida vegetal, que estalla en multitud de cromatismos, siguiendo todo
un proceso fisiológico sabiamente establecido por la madre naturaleza.
El hayedo es algo más que un bosque: es un
pequeño universo que a lo largo de miles de años ha establecido complejas
relaciones con las especies animales y vegetales que él habitan. Por su suelo
deambulan el gato montés, el zorro, la garduña, el corzo, la comadreja…Abunda
igualmente el jabalí, que en grupos de hasta quince individuos hoza entre la
hojarasca y se da baños de lodo en la ribera de los arroyos. El hayedo también
sirve de refugio a ratones, topillos y musarañas, que se encuentran a sus
anchas entre la hojarasca y los árboles caídos.
Si levantamos la vista hacia las copas de los
árboles, asistiremos a la eterna lucha entre cazadores y presas. La marta
persigue durante la noche a pájaros, ardillas y lirones, en competencia con
rapaces como el mochuelo o el imponente búho real. También son predadores
nocturnos los murciélagos, a quienes el hayedo proporciona la humedad que
necesitan sus alas. Cuando llega el día, son el azor, el gavilán y el águila
real quienes toman el relevo.
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¿POR QUÉ LAS FLORES FLORECEN EN PRIMAVERA?
La primavera es la estación favorita para
muchos de nosotros porque los días se hacen más largos, las temperaturas suben
y los jardines se ponen preciosos llenos de flores, pero ¿sabes a qué se debe
este fenómeno? ¿Por qué las plantas florecen en esta época del año?
Este fenómeno ha sido estudiado por numerosas
universidades e institutos, como la Universidad de Kioto, la Universidad de
Ciencias Agrícolas de Suecia, la Universidad de Texas o el Instituto Max Plank
de Tübingen.
Según estos estudios, las plantas reconocen la
estación del año en que estamos porque las proteínas de sus hojas perciben el
frío, la insolación y la duración de los días. Gracias a esto, pueden percibir
cuándo las condiciones ambientales son las adecuadas para florecer y conseguir
ser polinizadas. El proceso que siguen es éste:
Con el frío del invierno, la planta se
mantiene en un estado durmiente y el proceso floral está detenido a causa de un
gen represor. Ya que, si floreciese en esta época, no soportaría las bajas
temperaturas y no conseguiría ser polinizada.
Cuando detecta que aumentan las horas de luz,
la planta se va despertando y comienzan a brotar pequeñas hojas.

Al llegar la primavera, se produce la
vernalización. Un fenómeno por el que, tras una larga exposición al frío, el
gen represor de la floración llega a su nivel máximo y con el incremento de las
temperaturas empiezan a desarrollarse las proteínas necesarias para la
floración. ¿El resultado? Parques y jardines llenos de flores de colores.
Ahora que ya entendemos el proceso de
floración de las plantas se nos plantea un serio problema: el incremento de las
temperaturas por el cambio climático. Este fenómeno está dando señales que
confunden a las plantas y alternando así la época de floración. Esto explica
que algunas plantas florezcan antes de primavera por las altas temperaturas o
mantengan sus flores hasta invierno por el mismo motivo
Por otra parte, conocer cómo funciona la
vernalización también nos permite entender por qué los horticultores pueden
tener flores en cualquier época del año controlando las temperaturas en
invernaderos y sometiendo las plantas a inviernos y veranos artificiales.
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LAS TRAVESURAS.
Que levante la mano quién no ha estado sentado
tranquilamente en el sofá mientras los niños juegan y de repente, “Oh, oh, ¡el
niño está muy callado! ¿Qué estará tramando?”
Sí, estamos hablando de las travesuras. La
mayoría de las veces, los bebés las realizan de forma inconsciente. No las
hacen con afán de hacer mal sino con el de descubrir el entorno y experimentar
cosas nuevas.
A partir del primer año de vida que es cuando
el niño comienza a andar o gatear, es cuando comienza su necesidad de explorar
todo lo que le rodea. Comienza a deambular por la casa, abriendo cajones y
puertas, intentando alcanzar todo lo que está fuera de su alcance o mostrar
interés por todo lo que es peligroso para él.
Todo les resulta interesante y solo piensan
“¿Qué pasará si toco esto? o ¿qué sucederá si cojo esto otro? Su curiosidad no
les permite medir las consecuencias de sus actos.
En otras ocasiones, sobre todo cuando los
niños son un poquito más mayores, las travesuras se realizan de forma
consciente e incluso premeditadas, es decir, los niños ya las han hecho en
otras ocasiones y saben cuáles son las consecuencias.
Quizás, las travesuras que realizan los niños,
en más de una ocasión, consigan poner al límite nuestra paciencia, pero debemos
entender que forman parte de su desarrollo y que están fomentando la audacia y
valentía del pequeño.
No se trata de reírles las gracias en todo lo
que hacen. Debemos hacerles entender, por ejemplo, que hay acciones que pueden
ponerles en peligro, establecer ciertos límites y que ellos entiendan que
existen niveles que no se pueden sobrepasar.

¿Por qué los niños hacen travesuras?
Gran parte de las veces, lo hacen simplemente
porque quieren llamar la atención. Por ejemplo, cuando llevan mucho tiempo sin
ver a sus padres o no les prestamos la atención que ellos quieren, pueden
recurrir a trastadas como por ejemplo esconder aquellos objetivos que más
necesitamos los adultos, bien sea el móvil, las llaves del coche, etc.
Otra razón es el aburrimiento. Los niños no
tienen nada que hacer, se aburren y buscan cualquier cosa a su alcance para
entretenerse. En este sentido, es muy importante que los niños tengan actividad
durante el día. Las clases extraescolares y el juego al aire libre con otros
niños, son una buena alternativa.
En otras ocasiones, realizan travesuras como
medio para indicarnos que están enfadados, ya sea porque no les hemos dado lo
que pedían, no les hemos comprado lo que deseaban o simplemente y, como hemos
dicho anteriormente, no les estamos prestando la atención que ellos precisan.
Pero también es cierto, que, en muchos casos,
estas travesuras no tienen un motivo; simplemente las realizan por curiosidad,
por la necesidad de conocer y experimentar. Puede decirse que es algo innato en
todos los niños, todos sienten el deseo y la necesidad de hacer este tipo de
cosas que, en ocasiones, nos harán gracia y nos provocarán la risa y, en otras,
conseguirán sacarnos de nuestras casillas.
Como conclusión es que no podemos reñirles por
todo aquello que ellos hacen de forma espontánea ni obligarles a comportarse
como adultos. Son niños y no podemos privarles de esa necesidad de experimentar
y aprender.
Permítele disfrutar de la infancia y de todo
lo que esta le ofrece, buscando, eso sí, los momentos y lugares adecuado para
ello y estando a su lado siempre para enseñarle y ayudarle.
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EL RITMO.
En el ámbito de las artes escénicas dentro de
las cuales está circunscrita la música, el ritmo es la cronología, la fuerza
organizadora que pone orden a los sonidos musicales y silencios entendido como
patrón regular o repetición en el tiempo con una frecuencia o periodicidad
determinada.
El ritmo es junto con la armonía y la melodía
los 3 elementos integradores de la música.
El ritmo musical puede entenderse como una
sucesión regular de sonidos (notas) fuertes y débiles de modo recurrente,
regular, medida y controlada que resulta en la ordenación de los sonidos o
notas musicales.
Es precisamente el ritmo una de las
características fundamentales de las artes en general y la música en particular
y hace que los sonidos, con sus notas y silencios, resulten agradables al oído
del oyente organizando así las notas acentuadas, pulsos y compás dando
estructura y coherencia a la obra o pieza musical.
El ritmo es la base de todas las
manifestaciones vitales, entre ellas, la música. Por ello, el ritmo es el
primer elemento musical que toda persona conoce y reconoce incluso sin tener
ningún conocimiento musical previo.

Concepto
El ritmo es uno de los tres elementos que
integran la música junto a la melodía y la armonía. El ritmo es el más natural
y espontáneo en toda persona. El ritmo, del latín rhythmus, es un orden
acompasado en la sucesión de las cosas. Se trata de un movimiento controlado o
calculado que se produce por la ordenación de elementos diferentes.
El ritmo puede definirse como la combinación
armoniosa de sonidos, voces o palabras, que incluyen las pausas, los silencios
y los cortes necesarios para que resulte grato a los sentidos. Las artes, por
lo tanto, tienen en el ritmo una de sus características principales.
El ritmo, considerado como simple ordenación y
estructuración de elementos temporales, está presente en nuestro entorno, como
la alternancia de los días y las noches, el continuo vaivén de las olas del
mar, los latidos del corazón, la respiración, etc.
En cuanto al ritmo musical, diferentes autores
dan diferentes acepciones. Para Edgar Willens el ritmo es el movimiento
ordenado, para Vincent d’ Indy el ritmo es el orden y la proporción en el espacio
y en el tiempo, para K. B. Watson la regularidad rítmica se asocia a la
felicidad y para Gundlach a la frivolidad. El ritmo en música, se puede definir
como la forma de sucederse y alternarse los sonidos y de estos sus acentos
(fuertes o débiles), sus duraciones (largas o cortas)… Tiene su origen en la
alternancia de sonidos fuertes y débiles, es decir, con y sin acentos y esta
acentuación es la causa de la agrupación de sonidos en compases binario,
ternarios o cuaternario: En conclusión, el ritmo es la proporción y el orden en
el tiempo y el espacio.