(DE LA HUACA DEL BRUJO)
Se cuenta que un agricultor de
Santiago de Cao tenía una chacra para el sembrío; y a la margen del terreno se
levantaba una inmensa huaca, hechura de los antiguos pobladores de lugar de
raza Mochica; pues valiosos son los restos dejados por los indígenas moradores
diseminados por los contornos del valle. La huaca permanecía como un elevado
montículo de tierra y adobes milenarios sin que el poseedor de las tierras
tuviera la curiosidad de averiguar qué contenía en sus profundidades ni advertía
ningún misterio; la gran huaca permanecía inconmovible ante la indiferencia del
dueño.
Cierto día, movido por el interés
de ver el contenido de la huaca, el agricultor se acercó a ella y empezó a
examinarla, abrió un forado y penetró muy cerca de las misteriosas habitaciones
en la profundidad del arcaico monumento; cual no sería su sorpresa que en el
interior de una inmensa habitación revestido de un material que parecía espejos
que proyectaban luces en diversas direcciones, al centro de la gran sala permanecía
una enorme carreta de oro atada a una yunta de toros también de oro con su
gañán. Al contemplar esta valiosa carreta que significaba inmensas riquezas, el
agricultor tuvo el temor de penetrar cerca del hallazgo y retornó a la
población para avisar a sus compadres y concurrir juntos a la huaca para
extraer el valioso tesoro.
La noche había caído en el valle,
las sombras habían cubierto el paraje; ayudados por linternas lograron llegar
cerca de la huaca que se destacaba en la oscuridad. Cuando estuvieron muy cerca
y divisaron el carretón de oro, sucedió un acontecimiento mágico, el gañán
despertó de su encantamiento, aguijoneó la yunta y emprendió veloz retirada con
dirección a la Huaca Prieta donde se internó sin dejar ninguna huella. El
recorrido de una huaca a la otra se hizo en medio de una intensa luminosidad
irradiada por el oro en contacto con el cielo estrellado, y todo el valle
permaneció unos instantes iluminados hasta que el carretón se sepultó en las
profundidades de la huaca.
En la mente de los que vieron
aquel misterioso carruaje aparecido, cuenta la tradición, empezaron a trabajar
durante la noche para buscar el preciado tesoro escondido en la huaca Prieta.
Muchas semanas y hasta meses demoraron para abrir alguna trocha y tratar de
penetrar a las entrañas del monumental resto arqueológico que aún se mantiene
intacto junto al mar.
Después de meditar ante la riqueza que se ofrecía a su vista optaron por acercarse más donde se encontraba el famoso Carretón de Oro, y cuál no sería la sorpresa de los buscadores de tesoros que se repitió el acontecimiento; el gañán despertó de su encantamiento, aguijoneó la yunta se desplazó por sobre los descubridores como visión alada alejándose con dirección al mar. Los presentes vieron que el carretón arrastrado por la yunta y dirigida por su gañán, abrió un amplio camino entre las aguas….y se perdió en la inmensidad con dirección a la isla Macabí en el océano Pacífico.
“El Carretón de Oro de la Huaca del Brujo”
ALVA LESCANO,
César Adolfo: “Mitos y leyendas de Trujillo y alrededores”. Pág.68-71. Trujillo
2005.
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