RELATOS
HUANCHAQUEROS III
EL AHOGADITO: “EL
TERROR DE LA PLAYA.”
Corría el
tiempo en que existía el comercio entre Huanchaco y su vecino, Santiago de Cao.
Los Comerciantes iban y venían montados en sus burritos y trayendo sus mercaderías por la orilla de la playa.
A dos de ellos, uno comerciante de sombreros y el otro de vestidos; les tocó vivir en carne propia un fenómeno que raya entre la realidad y la fantasía: ¨El Ahogadito¨.
Cuentan que los dos venían muy de madrugada con sus cargas, montados en sus burritos y charlando muy animosamente; cuando de pronto los animales pararon las orejas en señal de peligro y trotando de manera insegura, con lo cual mostraban su temor.
Un silbido muy agudo y fuerte, erizó los pelos de la nuca de ambos comerciantes. Eso solo significaba que se habían topado con el tan temido ¨Ahogadito¨, el cual es el alma en pena de una persona ahogada en el mar que busca descansar y para lo cual debe llevar consigo la de otro cristiano. Cuando el silbo agudo; señal inequívoca de su presencia se escucha cerca, es porque se encuentra lejos y viceversa.
Como decía, los dos comerciantes aterrorizados hicieron correr como nunca a sus asnos con la esperanza de hallar seguridad y abrigo en alguna casa de Huanchaco. Ahora el silbo se escuchaba lejos y se observaba un bulto negro que avanzaba paralelo a ellos.
De pronto, el comerciante de sombreros fue quedándose rezagado y entraba en un sopor profundo. El otro vio desesperado como caía su amigo del jumento y el bulto se le acercaba.
Aterrorizado el comerciante de vestidos, hizo correr aún más a su burrito, llegando al alba a Huanchaco, más muerto que vivo. Los pobladores le llevaron a una casa donde lo bañaron y cambiaron de ropas, pues estas
despedían un olor nauseabundo. Luego lo trataron de reanimar, lo que consiguieron horas después.
Entonces, el comerciante narró con lujo de detalles lo que había acontecido.
Estos movieron la cabeza y se encaminaron para averiguar qué era lo que le había ocurrido al segundo comerciante, aunque ya adivinaban la triste suerte que este había encontrado.
Encontraron su cadáver todo rasguñado y con abundante espuma de color verdusco en la boca. El asno se hallaba más adelante, aún atemorizado y por todo el camino se hallaban esparcidos los sombreros que el extinto traía a negociar.
Cuentan que el otro comerciante no pudo resistir la impresión de lo vivido, envejeciendo rápidamente y viviendo loco por el resto de sus días.
Los Comerciantes iban y venían montados en sus burritos y trayendo sus mercaderías por la orilla de la playa.
A dos de ellos, uno comerciante de sombreros y el otro de vestidos; les tocó vivir en carne propia un fenómeno que raya entre la realidad y la fantasía: ¨El Ahogadito¨.
Cuentan que los dos venían muy de madrugada con sus cargas, montados en sus burritos y charlando muy animosamente; cuando de pronto los animales pararon las orejas en señal de peligro y trotando de manera insegura, con lo cual mostraban su temor.
Un silbido muy agudo y fuerte, erizó los pelos de la nuca de ambos comerciantes. Eso solo significaba que se habían topado con el tan temido ¨Ahogadito¨, el cual es el alma en pena de una persona ahogada en el mar que busca descansar y para lo cual debe llevar consigo la de otro cristiano. Cuando el silbo agudo; señal inequívoca de su presencia se escucha cerca, es porque se encuentra lejos y viceversa.
Como decía, los dos comerciantes aterrorizados hicieron correr como nunca a sus asnos con la esperanza de hallar seguridad y abrigo en alguna casa de Huanchaco. Ahora el silbo se escuchaba lejos y se observaba un bulto negro que avanzaba paralelo a ellos.
De pronto, el comerciante de sombreros fue quedándose rezagado y entraba en un sopor profundo. El otro vio desesperado como caía su amigo del jumento y el bulto se le acercaba.
Aterrorizado el comerciante de vestidos, hizo correr aún más a su burrito, llegando al alba a Huanchaco, más muerto que vivo. Los pobladores le llevaron a una casa donde lo bañaron y cambiaron de ropas, pues estas
despedían un olor nauseabundo. Luego lo trataron de reanimar, lo que consiguieron horas después.
Entonces, el comerciante narró con lujo de detalles lo que había acontecido.
Estos movieron la cabeza y se encaminaron para averiguar qué era lo que le había ocurrido al segundo comerciante, aunque ya adivinaban la triste suerte que este había encontrado.
Encontraron su cadáver todo rasguñado y con abundante espuma de color verdusco en la boca. El asno se hallaba más adelante, aún atemorizado y por todo el camino se hallaban esparcidos los sombreros que el extinto traía a negociar.
Cuentan que el otro comerciante no pudo resistir la impresión de lo vivido, envejeciendo rápidamente y viviendo loco por el resto de sus días.
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